Jugando con los grandes

Written by | Opinión

El Colmillo de Hermes

Apáticos y parsimoniosos, son los primeros dos adjetivos que me vienen en mente después de leer los supuestos resultados surgidos de la Cumbre de Líderes de América del Norte, la cual tuvo lugar el miércoles 19 de Febrero en la tierra del chorizo y el Cosmovitral. Una vez más, somos testigos de una reunión entre mandatarios donde abundan los buenos propósitos y se recita, al pie de la letra como salmo religioso, la voluntad de los países para ejecutar acciones conjuntas que implicarán un alegre y equitativo progreso ulterior. Sin embargo, entre los tres países existen problemas de distinta índole que pueden eclipsar tanta supuesta felicidad. Hay un gigantesco muro arraigado frente a cada uno de los proyectos que se ostentan. Incongruencias sistemáticas, como la necesidad de libre movilidad frente a la imposición de visas y una pendiente reforma migratoria. Desgraciadamente muros como éstos se encuentran a lo largo y ancho del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), cualquier paralelismo con un muro real entre la frontera de alguno de estos países es mera coincidencia. Algo que me gustaría evidenciar es como siempre la eterna pieza faltante en el rompecabezas de las promesas del discurso político es el plan a seguir, mismo que a mi parecer volvió a brillar por su ausencia.

América del Norte, a sus 20 años de la firma del tratado, simplemente debe admitir un rezago en comparación con otras regiones, en específico la asiática. Hay varias preguntas que valdría la pena realizar. ¿Qué línea de razonamiento se está siguiendo? ¿Acaso podemos jactarnos de haber consolidado una región competitiva? ¿Existen mecanismos reales para conseguir las metas regionales? En mi humilde opinión hay un hoyo negro dentro de la región norteamericana, que proporcional a los nuevos retos se hace cada vez más grande, alimentándose de los proyectos utópicos e inviables. Porque no sólo se trata de maquillar las avenidas donde pasarán los mandatarios y de preparar discursos rimbombantes. Hoy en día el nombre del juego es “regionalismo”, sin embargo, obviando las deficiencias de los países vecinos, México no parece entender las implicaciones de jugar con los niños grandes sin antes establecer las reglas del juego.

Por último, creo que  hay una necesidad inminente de voltear hacia el interior del país, permitirnos una pausa para dejar de querer agradar a los vecinos y ponernos a realizar una profunda asepsia. Veámoslo como un acondicionamiento que nos socorra para encontrar las fuerzas que requerimos para poder salir a jugar con los niños grandes sin llevar las de perder.

José Luis Arellano Zuradelli

jose.arellanozi@udlap.mx

Last modified: 4 marzo, 2014

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