Mal acuerdo

Written by | Opinión

El Colmillo de Hermes

Ucrania asoma la punta de los pies, balanceándose en el frágil canto del despeñadero. Desde los Cárpatos hasta el Mar Negro, se inhala una atmosfera bélica con aroma a rancias discrepancias. Cada día que pasa, pareciera que el hartazgo atiza las flamas de una nación confundida con un pasado teñido de carmín. Ucrania atraviesa por un momento vertiginoso que amenaza con fragmentar por completo un país que perseguía ese fugitivo espejismo de concordia y prosperidad.

Una bandera rusa ondea en el ya ocupado parlamento de Crimea mientras que caras pintadas de azul con doce estrellas siguen deambulando por un Maidán casi postapocalíptico, estos son elementos que colisionan en una Ucrania que jamás desarrolló una verdadera identidad nacional. Los discursos son distintos y muchos de ellos comienzan en ucraniano y terminan en ruso, es evidente que los problemas identitarios en el país han empeorado por la crisis económica.  Las animadversiones raciales salpican lo que puede ser considerada una cruzada ideológica y geopolítica de dos colosos en esta parte del hemisferio. Una batalla entre la Unión Europea y Rusia, que se libra en distintos frentes, incluso llegando al Consejo de Seguridad.

El panorama es catastrófico, sin embargo es necesario una acción incisiva y puntual para evitar una escalada en el conflicto. Es evidente que tanto Rusia como la Unión Europea han decidido impedir que Ucrania salga de su órbita, sólo que los métodos son particularmente opuestos. Mientras que Rusia decidió extender el brazo marcial, la Unión Europea sigue barajeando paliativos económicos.

No me atrevería a hacer un pronóstico positivo para la situación, aunque resta ver la intervención norteamericana para dar un contrapeso en lo que hasta ahora Putin tiene prácticamente acaparado. Ahora bien, es forzoso alejarnos de la visión occidental para lograr un juicio sagaz en el asunto. Esto no se trata de buenos ni malos. Aunque muchos de los jóvenes buscan la apertura y los privilegios que la vida comunitaria representa, la mayor parte de la clase obrera simpatiza con la contraparte, gracias a que sus empleos dependen del capital ruso en la región. Dejando de lado la efervescencia social y obviando el conflicto étnico; creo que para no perder la costumbre en la región, se antoja un mal acuerdo en vez de un buen pleito para intentar solucionar un conflicto que de facto no entiende de soluciones escuetas.

José Luis Arellano Zuradelli

jose.arellanozi@udlap.mx

Last modified: 12 marzo, 2014

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