AMICUS CURIAE

La presente entrega relata las memorias de un votante del futuro con un discurso nostálgico y totalmente absurdo. El contexto en el que este personaje plasma su visión es un México sin campañas electorales tan absurdas como las que tenemos hoy en día. Vale decir que es un discurso absurdo sobre una realidad absurda en la que, desafortunadamente, vivimos actualmente. Esta es mi crítica a las campañas electorales en su forma actual.


Sábado 30 de junio del año 2036:

Mañana son las elecciones y tal vez sea el mejor momento para sentarme y escribir algunos de los pensamientos que no me han dejado dormir durante las últimas semanas.

Las cosas ya no son lo que eran antes. ¿En dónde quedó el “sabor” de las campañas electorales? Antes la gente se divertía durante las campañas, era un buen momento para equiparse con las cosas que uno realmente necesita en casa. Así pues, no era difícil conseguir sombrillas, gorras, playeras, bolsas para el mandado, y si uno tenía suerte, hasta electrodomésticos o una televisión.

Extraño las toneladas de basura que quedaban al final de las campañas. Carteles, volantes y folletos inundando las calles y tapando las coladeras, eso sí que le daba color a la ciudad. Salir de tu casa durante o después de una lluvia era toda una aventura, qué tiempos aquellos…

Y los espectaculares… Dios, los espectaculares. Ahora todo el dinero que ayudaba a pagar dichos espectaculares se destina a educación, salud y cultura. Qué aburrido es vivir en México ahora. Qué bello era ver estos carteles inmensos anunciando a los candidatos por toda la ciudad. Y ni se diga del contenido de éstos, eso sí que era informar a los votantes. La información que mostraban era de la máxima calidad: el rostro enorme de los candidatos sonriendo o mirando al horizonte de manera soñadora, una multitud de personas sonrientes rodeando al también sonriente candidato, frases pegajosas, promesas escritas en términos ambiguos, como dije, información verdaderamente importante.

Los espacios en radio y televisión: ¿Quieren hablar de dinero bien gastado? Hablemos de spots informativos. Si nos gustaban los espectaculares, imagínense, los spots de los candidatos nos encantaban. Era como obtener la misma información tan importante que recibíamos a través de los espectaculares, sólo que más divertido.

En el Internet las campañas electorales se vivían apasionadamente. Por donde quiera que miráramos había un anuncio de nuestros candidatos ofreciendo la misma fórmula informativa: rostro, sonrisa, frase pegajosa, gente con la que podíamos identificarnos rodeando la escena. Qué enriquecedor era ver fotos de los candidatos sonriendo y abrazando a personas como nosotros. Era verdaderamente positivo verlos saludando a la comunidad. Verlos caminando entre gente común como nosotros era realmente inspirador.

Las redes sociales eran el lugar ideal para encontrar toda clase de imágenes graciosas, chistes y toda clase de contenido divertido para informar al voto, ¿qué importaba si a menudo la información era falsa? El punto era robarnos una sonrisa y ayudarnos a matar el tiempo. La información que recibía era la más valiosa, sin lugar a dudas.

De vez en cuando se escuchaban voces críticas, pero en general estábamos satisfechos con el tipo de campañas que teníamos, eran un reflejo de nuestra forma de pensar en aquella época. Pero bueno, quienes criticaban a menudo decían que lo que necesitábamos era escuchar propuestas y antecedentes de cada uno de los candidatos. ¿Propuestas? ¿Para qué? Si el objetivo de las campañas electorales es que los candidatos compitan por nuestro voto, al final votaremos por el más guapo o por el que más regale cosas, “quien quiera azul celeste, que le cueste”, ¿no?

Antes, uno podía libremente vender su voto. Ahora, desde que las autoridades electorales han conseguido con éxito evitar esta situación, ya no hay motivo para acudir a las urnas. Sí, ahora los candidatos son evaluados durante su gestión y se les obliga a cumplir con sus promesas de campaña, pero ¿a costa de qué? Ya no hay diversión en la política. Antes las cosas eran más sencillas, solo era cuestión de extender la mano y recibir.

¿Y qué si los candidatos se olvidaban de nosotros terminada la jornada electoral? Siempre había la esperanza de las siguientes campañas, de la siguiente persona sonriente y bien peinada que viniera a abastecernos de gorras, sombrillas y promesas.

Qué tiempos tan bellos, la democracia ya no es lo mismo…


El objetivo de meterme en la mente de un pensador tan ilógico como lo es el personaje que escribe todo lo anterior, fue evidenciar de una manera diferente todo lo absurdo que vivimos hoy en día durante las campañas electorales. Si algo nos demuestran las actuales es que “cantidad” no es sinónimo de “calidad”. Analicemos este último pensamiento, los invito a que cierren los ojos y recuerden algún cartel o espectacular de propaganda política que hayan visto… ahora pregúntense si ese cartel o espectacular realmente los hizo sentirse más informados o más conscientes; seamos honestos, la información que se divulga es vacía, por no decir inútil.

Mi propuesta no es que desaparezcan las campañas electorales, sino que trascendamos hacia un modelo mucho más efectivo, mucho más reducido, mucho más honesto y, claro, mucho más barato para el Estado y para los ciudadanos.

Rubén Alvarez Escobar

ruben.alvarezer@udlap.mx