El manifiesto democrático

Written by | Canasta con Huevos

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Las manifestaciones son lo más cercano que tenemos como sociedad a esta endeble democracia. El sistema democrático debe casi por obligación ser participativo, y como la palabra manifestar significa expresar una opinión o idea, el pueblo se surte de ella para hacerse notar. Manifestación también es resistencia, y la resistencia, por el contrario de lo que nos quieren hacer creer, no es un acto canalla ni peligroso.

Los jóvenes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) tienen legitimidad. Y como no hay nada que se sobreponga a lo que el artículo 6 constitucional dicta –aunque a veces a la carta magna se la pasen por el “copete”-, su origen y propósito los avala por sí solos.

Hay un punto de inflexión en todo esto que parece recubrir de capa espesa y pestilente a un país entero que carece de instancias para la consulta y el diálogo. El cauce en una muestra poblacional manifestante –en este caso los estudiantes del IPN- se suscita a partir de que, “por sus pistolas”, la institución modificó planes de estudio y también el reglamento interino. Y si es un organismo del estado, el IPN también está para sondeos.

El pex es cuando observas una situación de copy-paste: la consulta para la reforma energética, las endebles firmas ciudadanas por aquí y por allá que no hacen ni cosquillas, etc. Y todo es un patrón de conducta en consecuencia de los mecanismos que cojean de participación y de acceso a la información. De ahí salen las marchas y las protestas. Por eso es que el gobierno le tiene tanta tirria a los aglomerados civiles. Dominan -porque son brutos pero no tanto- que los manifiestos parten de una endeble representatividad.

Y cuando el agua les llega al cuello entonces se dicen aliados –infiltrados- de la causa. Y compran vidas como fue el caso de Antonio Attolini, vocero del marchito movimiento Yo Soy 132, a quien muy colmilludamente, se le dio un espacio en Televisa –empresa que partió como enemiga de la corriente- para que el muchacho pudiera expresarse: “Ya no chille…tenga su paleta”, le dijeron.

De menú para los politécnicos hubo gato por liebre. Con el cambio en el programa de estudios los directivos presuponían graduar a los alumnos como “técnicos superiores” y no con el título de ingenieros. ¡Qué orgullo las reformas que reduzcan la calidad educativa!

A los directivos, una modificación en su posicionamiento académico: ¿De doctores a profes?

 

WILLY budib H.

guillermo.budibhe@udlap.mx

Last modified: 7 noviembre, 2014

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