LOS OFICIOS DE LA MUERTE

Written by | Lado Alterno

El tema de la muerte no es ajeno a los mexicanos, al contrario, es mo­tivo de celebración y fiesta. Prueba de ello es el día de muertos, fecha en la que se recuerda con alegría a los difuntos y que es ya parte inherente de nuestra cultura. Sin embargo, muchas son las personas que lidian con este tema en su día a día. En palabras de Miguel Olid, director del cortometraje Trabajando con la muerte: “No hay profesiones con morbo, las personas son las morbosas».

Embalsamador: el estilista de los muertos

Ignacio Escamilla se dedica a embalsamar cuerpos. El joven de 22 años afirma que su principal objetivo es borrar cualquier rastro de dolor o violencia del cuerpo del difunto: “así sólo parecen estar dormidos”. Además, asegura que su labor facilita el proceso de duelo de los familiares, pues éstos se llevan una buena última imagen de ellos, en lugar de recordarlos como víctimas. A través de una inyección de formaldehído, masajes que borran los moretones y el drenaje de los fluidos, Igna­cio transforma los cuerpos que “dejan de ser cadáveres para convertirse en humanos otra vez”. Ignacio revela que lo más difícil de su trabajo no es la convivencia con los occisos, sino la pérdida de la capacidad de asombro: “ves cosas muy gráficas y escuchas historias tan tristes o raras que tu estómago y nervios se vuelven de acero”.

Sepulturero: el arropador de los difuntos

Para Samuel Sosa, sepulturero en el panteón municipal de San Andrés Cholula, la muerte es su pan de cada día. Para él, dicho concepto va de la mano con la vida: “yo acepto la muerte como algo con lo que nací, porque desde ese momento comenzamos a morir”. A pesar de haber asistido a decenas de sepelios, admite que los entierros de niños todavía le afectan un poco. Su experiencia más difícil ha sido enterrar a su padre él mismo: “Fue mi decisión, nadie más podía hacerlo, era una cuestión de honor porque él también fue sepulturero”. Sosa asegura que cada cuerpo tiene un olor en específico, siempre “muy penetrante y fétido”. Y aunque muchos de sus compañeros dicen oír cosas, él nunca ha presenciado nada paranormal. “Hay días que el cementerio está triste o enojado, y todo eso se siente en el ambiente”.

Fotografía de Nelson Chávez

Reportero de Nota Roja: la voz de los acaecidos

Alejandro Villafañe, reportero del diario oaxaqueño El Imparcial, declara: “Al reportero de nota roja se le tacha de insensible, incluso malsano, cuando en realidad nuestra labor es contar la historia de las víctimas, informar de lo acontecido para que no quede en la impunidad”. También conocido como “El Diablo”, Villafañe confiesa que su trabajo acarrea muchos peligros, como los “orejas”: policías encubiertos encargados de investigar a los represen­tantes de los medios, que suelen tener vínculos con la delincuencia organizada. “Una vez le echaron azúcar al tanque de gasolina del carro, provocando que se desvielara. Quedamos varados por horas”, denuncia el reportero.

Médico Forense: la ciencia detrás de la muerte

El término correcto es médico cirujano legista, aclara el doctor Arturo Rodríguez López, quien compara a su profesión con armar un rompecabezas: “en el que las piezas más pequeñas son la clave que marcan la diferencia”. Rodríguez López revela que el médico forense no sólo trabaja con los muertos, sino con los vivos también: “estudiar la personalidad del asesino resulta siempre un reto apasionante”. No obstante, destaca que lo más difícil de su ocupación es refutar el trabajo de otro compañero: “una vez realicé una segunda autopsia al cuerpo de una niña que se había ahogado en un pozo, sin embargo, descubrí una bolita de algodón atorada en su tráquea. Su madre la había asfixiado”.

  Fotografías de Nelson Chávez

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ALE VALENCIA

Alejandra.valenciacl@udlap.mx

Last modified: 7 noviembre, 2014

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