En México, uno de cada 10 habitantes posee un tatuaje. Es decir, 12 millones personas, de las cuales la mayoría no sobrepasan los 20 años. Lo preocupante es que muchos de estos jóvenes son menores de edad que toman la decisión de marcar sus cuerpos sin el consentimiento de sus padres y en lugares clandestinos de dudosa salubridad.

De acuerdo con la encuesta de Parametría de 2012, el 87% de la población está de acuerdo con las reformas realizadas a la Ley General de Salud, que busca regular dichos establecimientos a través de certificados que acrediten a los trabajadores como profesionales y aplicando medidas sanitarias que protejan a los amantes de la tinta.

Fotografías de Ana Paula Vega

Fotografías de Ana Paula Vega

Más allá del trazo

El diccionario define la palabra tatuar como el acto de grabar dibujos en la piel humana, introduciendo colorantes debajo de la epidermis a través de punzadas. Podría decirse que un tatuaje es como una huella en la piel que representa diversas cosas.

En su libro “Tatuajes: una mirada psicoanalítica”, Silvia Reisfeld declara que el tatuarse es una experiencia semejante a un rito iniciático pues “el sujeto se apropia de su cuerpo, confiriéndose una identidad y sentido de pertenencia a través de las marcas realizadas en su cuerpo”.

Si bien para muchos un tatuaje puede no tener un significado trascendental, para otros es una expresión de su personalidad.

Jesús García Díaz, tatuador del estudio Black Diamond, afirma: “para la mayoría de los clientes, el primer tatuaje tiene una fuerte carga emocional, como un evento o persona que haya marcado su vida. Pero también están los que sólo te piden algo que se vea chido”.

El también artista plástico informa que los diseños más solicitados son las estrellas y las mariposas. Siendo los brazos la parte del cuerpo que más se tatúan.

El costo de un tatuaje varía según el tamaño y colores del mismo. De acuerdo a García Díaz, el más sencillo cuesta alrededor de 300 pesos, mientras que los más elaborados alcanzan los tres mil. “Por cada tatuaje que realizo, el 75% de las ganancias son para mí”, declara el tatuador.

Me duele pero me gusta

El dolor que implica realizarse un tatuaje es mínimo comparado con los verdaderos riesgos que un establecimiento ilegal representa. La doctora María Isabel Pérez Aguilar, egresada en Medicina de la BUAP, revela que las enfermedades más comunes, producidas por una falta de higiene en los negocios, son las infecciones y alergias en la piel. Sin embargo, existe el riesgo de contraer herpes, hepatitis c y sida, siendo éstos los peores escenarios.

García Díaz explica que para que un establecimiento pueda operar legalmente, debe contar con una licencia que lo acredite como profesional y un permiso de salubridad que garantiza la limpieza del lugar. “El material siempre debe ser desechable y estar esterilizado siempre”. Además, los instrumentos deben ser de calidad.

El equipo básico cuesta alrededor de cuatro mil pesos, mientras que el más caro puede llegar a los 50 mil. Esta es una de las razones de la proliferación de negocios ilegales. “Yo sólo conozco cinco o seis puestos certificados en la ciudad”, asegura el tatuador.

Pareces carcelario

Mientras que en las tribus polonesas los tatuajes son símbolo de respeto, en México son motivo de discriminación y de falta de oportunidades laborales. Tal como se muestra en la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, en donde el 83% de los mexicanos cree que en el país existe discriminación por apariencia y el 61% no aceptaría vivir con una persona tatuada.

Actualmente, se encuentra en marcha una iniciativa de reforma al artículo 206 del Código Penal que busca tipificar como delito penal la discriminación por tatuajes, implantes, perforaciones y otras modificaciones corporales. Dicha transgresión podría ser penada hasta con tres años de cárcel.

García Díaz afirma: “Tener tatuajes no te hacen mejor ni peor persona, así como el ponerte una corbata tampoco lo hace”.

 

ALE VALENCIA

alejandra.valenciacl@udlap.mx