Lo descubrí. Descubrí qué enfermedad priva a las juntas del CEUDLAP del silencio y la atención. Ya había atestiguado antes sus síntomas, mas hoy la diagnostico. Wiriwiri –la enfermedad de la que les hablo– es causada por un parásito que se adhiere al cerebro de algunos miembros del Consejo y se da en el aburrimiento y el cotorreo, como la gripa en el frío. Estos brotes ya han sido documentados y, sin tratamiento, sus efectos son devastadores.

Dentro de la sintomatología del wiriwiri podemos encontrar un irrefrenable amor por Netflix; la voz se torna en un tono susurrante que radica en lo cacofónico; una amnesia laboral, en la que el enfermo olvida momentáneamente –es decir, durante el tiempo de junta– cuál es su trabajo en ese lugar; una pérdida de interés por la persona que tome la palabra y se ponga de pie al frente de todos y un repentino enamoramiento por la pantalla de un celular.

Un nuevo brote se avistó el martes 16 de febrero de 2016, día en que se anunciaron nuevas reformas al reglamento general. Se propusieron cambios a los artículos 37, 42, 56, 73; y se cambiaron de lugar el 57 y 58. Al llegar a la reforma al artículo seis, silencio absoluto. Como gripa víctima de un Next, el wiriwiri se diluyó en el repentino interés del Poder Legislativo.

La modificación propuesta a dicho artículo señala que todo gasto de un órgano del CEUDLAP debe estar orientado solo para actividades que beneficien a la comunidad estudiantil que representan. Con esto, no se podrían utilizar fondos para propósitos personales bajo la excusa de ser parte de la comunidad estudiantil.

Los miembros del Consejo excusaron que la redacción de la reforma era pobre, que dizque que no se entendía, que entonces una mesa no podría organizar eventos para otra mesa, o no se podrán incluir a maestros. Entiéndase, ya no iban a poder usar los fondos a su propia discreción. La votación fue abierta. Todos los artículos, menos el sexto, pasaron. La reforma al artículo controversial fue denegada.

Al quedar la votación cerrada, la junta prosiguió con los anuncios correspondientes y el wiriwiri regresó. Los ojos brillaban por el destellar de las pantallas y el nerviosismo de los finales de temporada se veía en las gotitas de sudor que descendían por las mejillas.

Aunque aún no se ha encontrado una cura total al wiriwiri, se ha podido demostrar que la amenaza inminente a un interés particular es suficiente para que el sujeto infectado recupere el control de su cerebro y pueda debatir el porqué le andan moviendo el tapete. Como una vacuna tentativa, la transparencia ha demostrado resultados prometedores para combatir este padecimiento.

Esto podrá sonar a broma, sin embargo, esta enfermedad es mucho más grave de lo que parece. En su primera fase, tan solo se pierden unos cuantos alumnos en un simulacro de política; en su fase terminal, los infectados por el wiriwiri terminan ejerciendo puestos en la burocracia estatal, o peor, como diputados.

Por: Eric H. Cetina K.
eric.cetinakn@udlap.mx
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