Fútbol y las pasiones contrastantes

Written by | Flechas Rayadas, Opinión

flechas rayadas

En un país en donde los medios de comunicación masivos han controlado la opinión pública de millones maneras, un pequeño niño en el pueblo más remoto de México juega a la pelota, en un parque, con un par de piedras y a lado sus amigos, con los que comparte un balón usado y un estilo de vida lleno de carencias y esperanzas. El origen del fútbol en México es humilde pero se convirtió en una víctima más del sistema, al volverse negocio y estrategia de distracción política, dejó de ser sólo “un juego de pelota”.

Es 1986. México celebra ser, por segunda vez, sede del Mundial a tan sólo un año de distancia del gran terremoto. Todos están llenos de esperanza y júbilo, al parecer, la selección nacional hará un buen papel dentro de la contienda. El Estadio Azteca está repleto y el presidente Miguel de la Madrid aguarda el inicio del partido inaugural esperando que las voces dentro del Coloso de Santa Úrsula apoyen a su selección hasta el último minuto de aquel México vs. Bélgica. Sin embargo, la afición mexicana invierte ocho minutos de su tiempo abucheando al presidente por su “mala reacción ante el terremoto”, por las vidas que costó el no actuar con eficacia y por negar –en su momento– la ayuda internacional; ni los medios de comunicación pudieron censurar esos ocho minutos, en los que, miles de aficionados, golpeaban con gritos, reproches y chiflidos a su presidente…

Es curioso ver la crítica que se hace a los clichés mexicanos: la religión, las tradiciones y por supuesto, a su “deporte popular”. La crítica se basa en que las problemáticas sociales son consecuencia de la enajenación que los medios de comunicación han creado sobre una actividad deportiva, fomentando la pasión mexicana a costa de su mediocridad misma; es decir, se le adjudica a un deporte tantas cosas que van mucho más allá de una cancha, veintidós jugadores en ella, un balón y noventa minutos.

“Si en México no existiera el fútbol estaríamos mejor”, dicen por ahí. ¿El colapso como sociedad mexicana recae en su deporte popular? Toda la problemática que existe en nuestro país tiene un trasfondo mucho más oscuro de lo que aparenta, trasfondo que por supuesto quiere absorber al fútbol mismo, convirtiéndolo en negocio y medio de distracción social (aunque hay que reconocer que lamentablemente eso sucede). Sin embargo, el fútbol no es el eje principal del problema.

Naciones enteras se entregan al futbol, desarrolladas, pobres, europeas, africanas, latinas, etcétera. Las mejores canchas en las calles de Londres, hasta las de las favelas en Río de Janeiro, son los escenarios que la versatilidad del futbol encuentra en su camino. Sin importar la condición social, política y económica, el futbol es un lugar común. Entonces, ¿en verdad este deporte tiene la culpa (de todo)?

No. Las estructuras de poder buscan sacar provecho, lo convirtieron en negocio al capitalizarlo y así, le robaron una parte esencial al futbol: la de ser una “distracción”. Ahora, es una esfera de intereses. La buena noticia es que nunca llegarán a destruir la esencia misma del fútbol, esa que desde niño te llena y te emociona, que te hace ver en un balón la victoria y la derrota, las contrapartes y que representa, el detonador más hermoso del alma: caer y levantarse hasta ser mejor. En el futbol y en la vida, todo puede pasar.

Dicen por ahí, también, que no techaron el Estadio Azteca porque no querían quitarle el privilegio a Dios de ver el futbol.

Por: Raymundo Ricardez Garcia.
raymundo.ricardezga@udlap.mx

Last modified: 23 febrero, 2016

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