I love espacio público

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Si hay algo que me gusta de las ciudades es el espacio público. Este se puede entender como: “el lugar de encuentro caracterizado por ser un ámbito abierto por y para el ejercicio de la vida en sociedad. Representa el lugar idóneo para el desarrollo de actividades deportivas, recreativas, artístico-culturales, de esparcimiento, y en general para el uso y disfrute de la comunidad las 24 horas del día.” Es decir, son lugares a donde vamos para cotorrear un rato, pasarla bien e incluso para aprender. Lo importante de estos espacios es que influyen en la creación de vínculos con la comunidad, ayudan a desarrollar cierta identidad colectiva dentro de la sociedad y brindan un sentido de pertenencia con tu calle, barrio o ciudad.

He tenido la fortuna de vivir el espacio público en diversas ciudades. Por ejemplo, en las block parties en Brooklyn, Nueva York, en la que cierran legalmente la calle y todos los vecinos salen con comida, bebidas, música y juegos, todos conviven y se crea un ambiente alegre de recreación; caminar por el parque Gorki en Moscú, rodeada de cien hectáreas de jardines, lagunas, pistas para correr y bicicletas, restaurantes, museos, pistas de hielo y hockey –este parque no sólo es hermoso por sus áreas verdes, también es fundamental para la vida diaria de los moscovitas, generalmente después del día laboral, la mayoría de los jóvenes tienden a ir hacer ejercicio, recrearse y convivir–; así como pasear por la vía recreativa en Bogotá –de las primeras en América Latina– que ayudó, entre otras cosas, a bajar los índices de inseguridad en esta ciudad.

Los espacios públicos son importantes para la sociedad urbana porque representan la fuente para la interacción social y sobre todo, porque presencian el desarrollo de la cultura, la política, las artes y la identidad en un grupo o sociedad. Es aquí donde colectivos sociales aprovechan para expresar sus ideas, donde la cultura, ciencia y arte están al alcance de todos, tanto para el centro como la periferia, y ahí radica la importancia de los espacios públicos. También sirven para impulsar políticas de “hacer ciudad” como en el caso de las vías recreativas en Puebla, donde se explica la importancia del uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible, entre otras cosas.

Lamentablemente, se ha visto una disminución en el uso del espacio público, ya sea porque queda lejos, es peligroso o cobran la entrada y se convierte en un espacio privado, entre muchas otras razones. En Puebla no tenemos muchos espacios públicos y, si los tenemos, no existe un uso apropiado de éstos. Por ejemplo, los parques que ha hecho o mejorado nuestro querido gobernador están diseñados para un cierto sector de la sociedad por la zona donde se encuentran, porque la accesibilidad por medio de transporte público es escaso o casi nulo y son meramente recreativos, pero en realidad, no representan espacios culturales, artísticos, de divulgación científica. No son espacios que enriquezcan sustancialmente el desarrollo de los poblanos.

Creo que todos deberíamos formar parte de estos ejercicios públicos y democráticos. Ser parte de una comunidad puede ayudar a combatir muchos problemas sociales que vivimos en la actualidad en nuestras ciudades mexicanas. Un gran ejemplo es “Moreleando, de vuelta al centro”, que con los años y la participación ciudadana, recuperó las calles del centro de Torreón –que eran consideradas muy peligrosas– a través del arte y cultura. Iniciativas como estas hay por todos lados: el problema que debemos combatir es que a la gente no le interesa involucrarse y la participación ciudadana está cada vez más deteriorada.

Por: Daniela Robledo Romero

daniela.robledoro@udlap.mx

Last modified: 1 Marzo, 2016

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