Tus “likes” alimentan mi ego

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Hace casi dos años formé parte de un equipo en la Universidad, que representó a la UDLAP en un concurso nacional de debate. La moción a discutir fue “Las redes sociales nos han hecho menos sociables” y la postura de la UDLAP –que se elegía al aire y al azar– fue: A FAVOR.

( ¿Qué? ¿por qué siempre tengo que defender la postura con la que estoy en contra? ¡¿POR QUÉ?!), 50 minutos después, habíamos perdido.

Peleamos hasta el final, utilizamos: argumentos, pseudo argumentos, discurso, datos, estudios, pseudo estudios, pero nada sirvió. Ni nosotros nos la creímos.

– ¡Cris, aquí estamos! – escucho que gritan desde atrás. Una mujer voltea (supongo que ella es Cris) y empieza a correr hacia la voz que la llama. En medio de la carrera de obstáculos –que incluía arboles, mesas y transeúntes– para llegar a la meta, Cris tropieza con mi mochila… su amiga se ríe, llega hasta nosotras y le dice:

–“No mames, tu caída merece un ‘like’ ”– ¡Bingo! Ya sé sobre qué escribir: Facebook y su impacto en la percepción personal y las relaciones sociales. Bailo en mi lugar… soy una chingona.

Abro mi computadora lista para investigar qué se ha dicho, qué se ha hecho, qué se opina.  No sin antes checar mi newsfeed.  Empiezo a recorrer el muro de noticias: meme, meme, meme que me da risa (le doy “like”) , “personas que quizás conozca” y que probablemente lo haga, pero no me interesa ser su amiga, selfie, selfie de amor, noticias, gente quejándose del clima, más noticias, chairo, GIF, otro chairo, frase inspiradora, video, mis recuerdos de “Un día como hoy” en los que seguro sale mi ex (GRACIAS PERO NO GRACIAS) y otro meme.

No, no hay nada interesante, ¿en qué estaba? ¡Ahhh si! Facebook y su impacto en nuestra vida.

Somos la generación de la transición tecnológica: los Millenials. Nuestros recuerdos oscilan entre –por un lado– llevar monografías de los Niños Héroes a la primaria, jugar a las escondidas y aprender con base en acetatos, –y por el otro– correr a la casa para “conectarse”, envejecer mientras eso sucedía y tener que apagar el Internet porque: ¡Fernanda, deja de jugar en esa cosa, necesito usar el teléfono!. Tuvimos perfiles de Hi5 y MySpace, atestiguamos la evolución de Messenger: las palabras que se volvían iconos, los glitters, el “estado”, los zumbidos y la famosa práctica del “conectarse y desconectarse y volverse a conectar”, ¡hasta que el niño que me gusta me escriba! (Hay que hacerse respetar). Entonces llegó Facebook.

Primero lo bueno. Algunas perspectivas afirman que dicha red social nos abre las puertas al mundo, nos acerca a espacios y a personas, nos permite generar relaciones laborales, sociales e incluso amorosas. Facebook nos hace sentir menos solos, nos informa y tiene potencial para expandir nuestro negocio, nuestros contactos, nuestras pasiones. Facebook nos deja hablar, nos pregunta ¿qué estamos haciendo?, ¿cómo nos sentimos?,  nos muestra nuestro mejor “perfil” y es un lugar amigable, en donde todo puede existir a excepción del botón de NO ME GUSTA.

Investigadores de la Universidad de Cornell, por ejemplo, afirman que al contrario del espejo (cuando lo que vemos no empata con el ideal), Facebook siempre nos enseñará una versión positiva sobre nosotros mismos. Esto, impacta directamente en el autoestima e incrementa nuestra seguridad. Actualmente, somos más de 500 millones de personas que invierten, en promedio, más de 700 miles de millones de minutos al mes, comunicándose con Facebook.

El Instituto de Tecnología de Massachusetts confirmó a través de un estudio que, el uso de Facebook nos relaja, disminuye nuestra frecuencia cardiaca y ataca nuestro nivel de estrés. ¡Eso no es todo! También potencia nuestra vida amorosa, el éxito de la misma e incluso mejora la productividad laboral.

¡Oh gracias poderosísimo Mark Zuckerberg por este regalo a la humanidad! Espero que haber sido nombrado el más grande multimillonario joven del 2015 por la revista Forbes muestre nuestra gratitud.

Ahora lo malo. Facebook nos está matando; distorsiona la realidad, nos enajena, es más adictivo que el tabaco o el alcohol, destruye nuestra autoestima, nos provoca ansiedad, depresión y escuchen esto: Facebook está arruinando nuestra vida.

La Universidad de Michigan concluyó que, la red social atenta contra el bienestar de las personas y que entre más tiempo le invertimos, peor nos sentimos después; por lo tanto, el argumento de que Facebook nos hace sentir menos solos es falso, de hecho, profundiza nuestra sensación de aislamiento. Además, la Universidad afirma que el botón de “me gusta” controla nuestra vida. Entre más “me gusta” tengo, mayor validación recibo. En otras palabras: “dame ‘like’ para sentir que valgo”.

El departamento de psicología de la Universidad de California, descubrió que Facebook genera tendencias narcisistas, antisociales, maniáticas y agresivas en sus usuarios. Nos deprime, nos distrae. Facebook es el diablo.

Creo que Facebook es una herramienta útil, divertida y hasta cierto punto necesaria (al menos para mí). Ningún exceso es bueno y Facebook no es la excepción. No necesito ningún estudio que me diga que si paso 10 horas de mi día en Facebook, voy a desarrollar obesidad. Eso es OBVIO. No creo que la red social sea el Anticristo ni tampoco el motor de nuestras vidas. Por supuesto que tiene puntos ciegos y ha generado fenómenos que son interesantes de observar, pero hasta ahí. Si tenemos claro que a Facebook lo controlamos nosotros y no viceversa, la necesidad de satanizarlo desaparecería. He tenido experiencias buenas, malas y feas dentro de la plataforma virtual, pero supongo que es parte de su encanto parecerse al mundo real, sin serlo. NO PASA NADA.

Listo, terminé. Tal vez duerma un rato. Esperen, algo suena. Tengo una nueva notificación de Facebook. Alguien le dio like a mi última columna. ¡Qué bien se siente! Veamos quién es.

¡También la compartió!

¡Ya casi alcanza los 800 likes!

Facebook, por favor CUÉNTAME MÁS.

Fernanda Soria Cruz
maria.soriacs@udlap.mx

 

Last modified: 10 marzo, 2016

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