Verde, blanco y rojo

Written by | Ágora

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Observadora, espontánea, detallista, irreverentemente genial en sus ideas y un ejemplo de la innovación literaria que mucho bien hace al México contemporáneo. De esta forma es que podríamos calificar a Margo Glantz, una profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que no solo ha dedicado su vida a la enseñanza, sino también a la literatura, la cual considera es un medio idóneo para explorar los tópicos menos comunes de la cotidianidad. Uno de ellos es, precisamente, el cuerpo, y más particularmente, el femenino.

Habiendo dicho esto, todavía podremos adentrarnos más en la mente de Margo y descubrir la fijación que tiene con el cabello, misma que se ve reflejada en su libro De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos. Hay en este, como en muchos otros textos, una dosis de confusión para el lector que, sin embargo, deviene poco a poco en un entendimiento tácito entre quien redacta y él. Súbitamente, comprendemos la visión crítico-literaria de Glantz para ver, como si estuviésemos en su puesto, la perspectiva que posee de la realidad y de esa figura, retórica y banal, que cubre nuestras cabezas. Así, Margo a sus 86 años persiste en su intento por sorprendernos en cada desliz de su pluma.

Con más de treinta libros publicados que van desde literatura hasta crítica y ensayos, la también periodista, ha recibido un enorme arsenal de premios nacionales entre los que destacan el Xavier Villaurrutia, el Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio Nacional de Ciencias y Artes de en el Área de Lingüística y Literatura, así como reconocimientos de la UNAM, la universidad de Princeton y de Bellas Artes. Invariablemente, una de las autoras más importantes dentro de la cultura contemporánea mexicana.

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Así como Margo refleja en sus letras una simpatía fascinante en su lenguaje tratando de explicar el mundo a través de lo que es poco observado y lo casi ignorado de la vida, pareciera que Agustín Monsreal persigue esa misma ruta, sólo que desde su propia trinchera, desde su propio interés, desde su propia original personalidad. Y es que el yucateco retoma de sus experiencias y de su creatividad, lo mínimo. Y no se trata de describirlo así de forma despectiva, puesto que aquí lo mínimo adquiere una cualidad enormemente valorativa. Lo anterior, dado que las mini-ficciones de Monsreal, a pesar de su pequeñez, vienen cargadas de comedia, romance, verdades y brillantez para ir directo al punto sin abandonar nunca el traje de las letras pensadas elegante y cautivadoramente.

Así, como lo demuestran las degustaciones anteriores, este cuentista y poeta, ganador del Premio Nacional de Poesía Punto de Partida y del Premio Nacional de Periodismo (entre otros) y que ha sido reconocido por su larga y comprometida trayectoria hasta incentivar a la misma ciudad de Mérida a instituir el Premio de Cuento Agustín Monsreal, nos lleva a adentrarnos en una faceta completamente distinta de la literatura; pues a través de la mini-ficción, el autor explora la totalidad de las historias por medio de dos o tres líneas que incitan a la imaginación del lector para pensar el resto y, al igual que sus poemas, son de fácil lectura, aunque de una manufactura minuciosamente artesanal, toda vez que auténtica y libre.

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En diversas ocasiones, es posible observar el espíritu cómico de Monsreal, dado que algunos de sus escritos incitan a la risa por su ingenio limpio y claro. Y sin embargo, todavía me atrevo a decir que no alcanza a utilizar tan constantemente el humor como lo hace Eduardo del Río, mejor conocido como Rius. Utilizando un lenguaje coloquial, trata de acercar a toda la gente a sus libros, ilustrados por él mismo con caricaturas que facilitan y convierten en dinámica la lectura para que ninguna persona se presienta excluida de su obra.

Se trata de una mente profunda, atenta de la realidad que observa y que resuelve por dársela a la gente de manera graciosa y amena, pero que recuerda a condiciones actuales y verdaderas que son crudas, cuando no repudiables. Así, con más de cien títulos bajo su nombre, el autor de Los agachados, Cien años fregados, pero cristianos y el Manual del perfecto ateo, y también ganador del Premio Nacional de Periodismo de México en caricatura, es un referente que, me permito decir, funge como cronista de la vida social mexicana el cual vale por su enorme trayectoria y compromiso con la finalidad de la literatura.

Margo Glantz: su pensamiento e interés por el cuerpo, con un estilo que asemeja al de un huracán por la complejidad y nivel de análisis minucioso que ejemplifican sus textos. Son ideas verdes, por su verdosa naturalidad y espontaneidad que encuentra en el verbo ilustrado de una persona simplemente comprometida con la vida.

Las mini-ficciones de Monsreal son blancas, limpias y niñas por su pequeñez; al tiempo que adultas, serenas y exactas. Dejan en claro las ideas más longevas y a veces, enmarañadas en breves líneas con la capacidad de invocar a la sonrisa por su ingenio al tiempo que a la imaginación. Blanca, es la levedad del hombre que ve todo en poco y dice tanto, sin más.

Finalmente, el hombre rojo, Rius, que invita a la reflexión, pero también a la revolución; a la revuelta de la mente, a la revuelta contra la religión, a la protesta social, económica, política y gubernamental que tiene a México de rodillas. Nosotros, lo auténticos “agachados”, somos tan contemporáneos como los autores sobre los cuales este artículo ha versado. Es preciso leer. Ya sea incluso por viñetas. Pues así como Rius simboliza el rojo de la filosofía y la sublevación de las formas canónicas sociales del México moderno, nosotros debemos ser el rojo del pensamiento iracundo que se refleje en la vanguardia juvenil ante la mala fortuna que nos enfrenta.

 

 

Marco Árcega

marco.arcegaca@udlap.mx

Fotografías de web.

Last modified: 27 Septiembre, 2016

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