Cuadrilátero: Segregación social en la UDLAP

Written by | Opinión

Nuestra bolita

Durante la Universidad, cada quien forma su grupo social, su “bolita de amigos”, con gente que generalmente comparte características sociales, económicas, geográficas, educación, entre otras. Cuando alguien externo, con características diferentes, se acerca con la intención de interactuar con dicha “bolita”, corre el riesgo de ser rechazado.

Este tipo de comportamientos no solo suceden en nuestra Universidad. En México existen problemas derivados de la segregación social. ¿Cuántas veces no hemos llegado a tratar a alguien de forma despectiva sólo porque creemos que no está a nuestra altura? En la calle, con los empleados domésticos, o con cualquier persona que nos preste un servicio. Muchas veces los tratamos de forma injusta, o incluso los humillamos, solamente porque creemos que tenemos una posición superior a ellos.

En cuanto a la Universidad, la segregación no está presente solo por la variedad de clases sociales existentes en el campus. Este fenómeno surge igualmente a partir de que existen licenciaturas que se sienten superiores a otras porque “trabajan más” o porque “su carrera no es MMC (Mientras Me Caso)“. Estas diferencias se destruyen cuando, a lo largo de la carrera, se convive con estudiantes de diversas licenciaturas compartiendo clases, proyectos o talleres, formando con ellos lazos de amistad y cayendo en cuenta de que cada área de estudio cuenta con sus retos y forma de trabajo particular, lo cual no define que una sea más fácil que otra.

Sin embargo, existen licenciaturas que sencillamente, por cuestión de horarios o porque en su plan de estudios no están incluidas materias en común con las demás, no logran derrumbar esas barreras. Eso se ve reflejado en que sus únicas amistades son sus compañeros de generación. Este es un obstáculo presente en la UDLAP, en la cual existen licenciaturas que viven apartadas, refugiadas bajo su departamento académico, en un área que parece incluso una extensión ajena del campus universitario.

¿Cuántas veces nos hemos acercado a alguien que no ha sido nuestro compañero/a solo para conocerlo/a? ¿Cuántas veces nos hemos abierto a la convivencia con personas que no pertenecen a ‘nuestra bolita’? Como sociedad –no solo universitaria, sino mexicana– necesitamos incrementar nuestra tolerancia y aprender a aceptar y convivir con personas de diversos grupos. La Universidad nos da la oportunidad de conocer a nuevas personas que pueden cambiar nuestra vida enseñándonos algo nuevo, algo con lo que no nos encontramos familiarizados dentro de nuestra zona de confort. Depende de nosotros si la aprovechamos o no.

Jorge García Ortega

jorge.garciaoa@udlap.mx

 

Que todos tengan educación (pero solo los que tengan clase)

¿Recuerdas aquella imagen que, en su tiempo, se volvió viral en Facebook; aquella que establecía la jerarquía de grupos dentro de nuestra Universidad? Los ingenieros estaban por encima del Rector; los Aztecas claramente eran Dios y los historiadores y psicólogos aparecían en el fondo. Lo interesante de esa imagen es que, al final de la lista, estaban los enfermeros y el Grupo Zenzontle.

Los enfermeros estudian tanto como cualquier otra licenciatura. El Grupo Zenzontle entrena igual que los Aztecas. Entonces, debe ser algo más lo que genera estos comentarios y actitudes de exclusión. ¿Tendrá que ver, por ejemplo, con que Zenzontle recupera nuestras raíces indígenas o con que los enfermeros estudian con 95% de beca?

Yo estudio Relaciones Internacionales, una carrera donde los alumnos discutimos temas de desigualdad, pobreza, desarrollo, entre otros. Cuando se trata de levantar la mano “a lo Hermione Granger” y opinar, todos concordamos en que la educación de calidad en México debe ser igualitaria y que todo mexicano, sin importar su situación socioeconómica, debe tener la oportunidad de acceder a este tipo de educación. Sin embargo, cuando alguien por fin lo consigue, somos los primeros en encargarnos de dejarle en claro que no pertenece aquí.

Esta discriminación aparece en forma de discretos comentarios en clases, pequeñas risitas de burla en las presentaciones o simples actitudes de superioridad de quienes pueden pagar una colegiatura completa. Son tantas cosas las que no notamos; tantas cosas que son el reflejo de la desigualdad en nuestro país; tantas las que marcan una línea divisoria entre quiénes pueden ser la cara de la UDLAP y quiénes no.

Seguro has escuchado infinidad de veces que la UDLAP es una universidad de prestigio, que sus alumnos gozan de pensamiento crítico. Entonces, te pregunto, estimado lector, ¿no es bastante contradictorio, con el nivel educativo y la institución incluyente de la que tanto presumimos, que sigamos perpetuando estas actitudes?

Valeria Santos Vinay

valeria.santosvy@udlap.mx

 

 

Sola y de blanco

Durante mi primer semestre, un profesor nos dejó un ejercicio muy interesante para la clase: debíamos vestirnos de algo que fuera el polo opuesto a lo que estudiábamos y pasar todo un día caracterizados de esa manera. Después de un rato –y porque abundaban los memes de “paracetamol”- decidí usar un par de jeans blancos, una blusa del mismo color con un ligero estampado y unos tenis.

Podría empezar por decirte que caminar por los pasillos de Ingenierías o Sociales con esa ropa era bastante incómodo, podría hablarte sobre el momento en que me di cuenta que no llevaba bata y sentía que no estaba cumpliendo con el estereotipo de un estudiante de medicina, o bien, cuando pude notar la expresión de confusión en los rostros de otros alumnos al verme en esos edificios, sola y de blanco.

Lo que no puedo hacer es contarte sobre la clase que compartí con alguien de enfermería o medicina porque, desafortunadamente, en los tres semestres que llevo aquí, ni siquiera el tronco común me ha permitido encontrarme a alguien de esas carreras en mi salón. Pero la cosa no termina ahí, tampoco he visto que en La playita sea fácil encontrar una mesa ocupada por un grupo donde, entre puros de blanco, resalte algún otro color.

Creo que además, en mi caso no he tenido el tiempo de explorar el edifico de Ciencias de la Salud –salvo para el Tour de Leyendas- porque igual que pasa con el Bernal o con el “Moe”; al estar en los extremos de la Universidad, solamente pasamos por ahí si tenemos algún asunto pendiente.

Si a eso sumamos el hecho de que utilicen uniforme o deban vestirse bajo cierto código, es más fácil entender que, aunque la universidad sea un espacio que te dé la oportunidad de conocer a muchísimas personas, nos separamos por distinciones tan simples como esas. Tal vez olvidamos que, sin importar lo que estemos estudiando, cómo nos vistamos, qué tiempo pasemos en un determinado edificio del campus, debajo de todo eso y en nuestra expresión más sencilla, somos personas con sueños y objetivos personales.

Me gustaría tomar una clase donde vea estudiantes de Medicina, Enfermería, Artes Plásticas, Actuaría, Ingeniería Mecatrónica, porque creo que si comenzamos a separarnos en un ambiente tan pequeño como es la universidad, corremos el riesgo de que estas diferencias se gradúen con nosotros y las llevemos afuera, donde de por sí ya vivimos bajo los efectos de tener suficientes barreras físicas e ideológicas.

 Iliana Hernández Valdivia

Iliana.hernandezva@udlap.mx

 

 

Cartas para pedir perdón

Niño de la 14:

A lo largo de mi estancia en la Universidad te he visto crecer poco a poco. Dos años me parecen fugaces, pero para tus 11 años han significado un radical estirón.

Antes que nada, quisiera pedirte perdón por todas las injusticias que te ha tocado presenciar mientras transitas con tu cajita de mazapanes por la 14. Desde despilfarro de dinero, desperdicio de comida, hasta mordidas a policías, fanfarronería, o peores. Eres un espectador constante de todas nuestras metidas de pata, de nuestras pretensiones. Nosotros podremos no verte a veces, pero tú sí que nos ves siempre.

No importa el día, ni el clima: tú has estado ahí persiguiendo gente para que te compre dulces. Para muchos, eres molesto e insistente. Para otros, tu carisma es cuestión de risa. Para algunos, eres incómodo porque rompes con esa estética del sector de la UDLAP. Entre carros bonitos, chavos y chavas que se esmeran en verse bien, estas tú, con otros niños merodeando afuera de los antros, asomándote por la ventana de los restaurantes. Incomodando con tu hambre a quienes estamos adentro. Qué injusta es la circunstancia que te puso a ti afuera y a nosotros dentro. A nosotros, estudiantes universitarios que en un futuro cercano vamos pretender ayudarte, “mejorar” tu futuro.

Como profesionistas quizás olvidaremos tu historia. Como ciudadanos nos quejaremos de ti y de todo lo que representas. Toda esa injusticia y desigualdad de la que aún nos excusamos por ser “chavos”, pero que hemos venido solapando de nuestras familias, nuestros políticos, y los adultos en general. Adultos que espero que nunca seamos.

*****

A mis compañeros:

No digo que vayan a comprarle dulces, a llevarle dinero. Solo pretendo que veamos algo que tal vez no veíamos: la historia de este niño que hasta ahora no tiene la culpa de estar en donde está, con la esperanza de que se acuerden de él mientras estudian, cuando sientan pereza, tentación de plagiar o sólo “panzar” materias.

Cuando se sientan apáticos, recuerden que esta es la historia de muchos otros niños que te lavan el coche o se te acercan en los cruceros. Todos ellos son nada más que el resultado de nuestra sociedad injusta y de nuestros intentos fallidos por remediarla.

Por otro lado, nuestra historia viendo a este niño afuera de la UDLAP es el reflejo de una sociedad que le voltea la cara a los problemas; que prefiere esconder lo feo para que no opaque lo bonito. Porque prefiere ver todo rosa antes que reconocer un problema. Un problema del que todos somos parte.

 

Sara Achik López

sara.achiklz@udlap.mx

 

 

 

 

 

 

Last modified: 31 octubre, 2016

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *