El arte le ganó a Hitler

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La Segunda Guerra Mundial fue la guerra más devastadora del siglo XX, el suceso que cambió por completo el rumbo de las relaciones internacionales y la historia que más desgarra nuestros corazones cuando de víctimas hablamos. Judíos, homosexuales, gitanos, negros; casi 50 millones de personas perdieron la vida directa o indirectamente por obra de Hitler. Sin embargo, el día de hoy, hablaremos de una víctima un poco menos convencional: el arte.

Hitler, el verdadero imbécil de esta historia, fue el mayor promotor del saqueo de arte de toda Europa. Este hombre soñaba con tener una colección privada con las mejores obras de todos los tiempos y, junto con su ascenso al poder, aumentaban los robos. París dejó de ser la capital mundial del arte debido a los saqueos a sus museos y la Alemania nazi se convirtió en sinónimo de cultura y expresión artística; pero a este gran estulto se le olvidó una cosa: tenía que ganar la guerra para conservar su esplendor. Su responsabilidad era cuidar a quienes vivían en su país y los logros de su régimen.

Todos sabemos cómo acabó la historia: Hitler se suicidó cobardemente porque ¿qué más se puede hacer si el show se te acabó y la supuesta grandeza que le ibas a regresar a los alemanes fue una farza? Entonces, como respuesta a esta oscura etapa todo comienza a florecer. Alemania y los aliados comienzan un proceso de rediseño y recuperación; las familias vuelven a formarse, ignorando las dificultades que un país desorganizado les pone en frente. Para algunos, la prioridad está en encontrar y regresar el arte robado.

La MFAA o Monuments and Fine Art and Archives fue un pequeño comando diseñado unos años antes de la muerte de Hitler para recuperar todas las obras robadas por los nazis. Cuatrocientos hombres, principalmente americanos, fueron reclutados por su experiencia en Historia del Arte, Arquitectura, Museografía, entre otros. Su mejor logro consistió en encontrar en Altaussee, Austria el mayor escondite de obras de arte que Hitler tenía. Ciento ochenta y dos túneles y un almacén albergaban pinturas de Miguel Ángel y retablos de Jan Van Eyck de Vermeer. Hubo otros logros, más pequeños pero más significantes: durante la guerra, varias familias judías fueron privadas de sus obras familiares, de estas posesiones que significaban el origen de sus familias o simplemente el esfuerzo que adquirirlas requirió; varias de estas fueron recuperadas por la MFAA.

No nos confundamos, el hecho de que la guerra haya sido contra Alemania principalmente no significa que miles de alemanes, de cristianos y de inocentes hayan sufrido una tragedia menor a la de los judíos. Sus museos, cultura, obras y pinturas habían sido robadas por igual y, en respuesta, el florecimiento del que hablo anteriormente toma lugar y afecta de igual manera a los perdedores de la guerra. Principalmente, después de la caída del muro, Berlín decidió reconstruirse tal y como estaba antes de la guerra. La isla de los museos en el centro de la ciudad sufrió la destrucción parcial de sus edificios, así como incendios y bombardeos. Sin embargo, el Museo Nuevo, el Museo Egipcio y la Galería Nacional Antigua abrieron sus puertas el día de hoy para que contemplemos sus salas, como si Hitler nunca hubiera nacido. No podemos borrar a Hitler de la historia, pero sí enmendar sus errores.

Desafortunadamente, los intentos de tantas personas por recuperar lo perdido no resultaron del todo. Todavía hay pinturas y obras que nunca fueron recuperadas y que probablemente nunca volvamos a ver. Pero lo que sí se recuperó y se regresó está ahora en manos de quienes nunca lo debieron haber perdido y Hitler, muy probablemente, retorciéndose en su tumba sabe que el arte le ganó.

Valeria Santos Vinay
valeria.santosvy@udlap.mx

Last modified: 3 Noviembre, 2016

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