Demagogo literario

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En la historia, al escritor siempre se le ha dado un peso político, un lugar especial para opinar sobre la sociedad, lo que pasa en el mundo y criticar o apoyar a algún candidato. Puede deberse a muchas razones, una de ellas es la importancia de la biografía de los autores. Pensamos que sus obras hablan de ellos, que ellos las crearon con base en su experiencia; así, si un autor realiza una gran obra es una representación de su misma grandeza. Tenemos arraigada esta idea al punto de que Borges no ganó el Premio Nobel de Literatura por cuestiones políticas.

La democracia nació en Atenas como un gobierno del “pueblo”. En realidad, solo los ciudadanos podían tener un cargo público, y estos eran un pequeño porcentaje de la población, dejando fuera a mujeres, jóvenes, extranjeros (o no nacidos en la ciudad) y esclavos; lo que dejaba a un 10 a 20 por ciento de la población. Asimismo, su democracia se basaba en rifas o puestos que se elegían al azar, lo que la separa de una democracia actual, donde se vota por el que los electores piensan es el más adecuado para el puesto. Por esta y otras razones, Platón expresó que este tipo de gobierno era regido por tontos.

De esta innovación política pasaría a sumarse el senado romano, una forma relativamente democrática donde el pueblo, o la clase social alta, se encargaba de los asuntos políticos. Claro, después del excesivo poder que acumuló Julio César y dos guerras civiles, se terminaría imponiendo Augusto como emperador. Tomaría un tiempo, hasta que países como Estados Unidos formaran democracias del pueblo para el pueblo.

Para esto quiero citar una frase, a su vez citada, en un video de Vox donde una mujer le pregunta a Benjamin Franklin si tendrán una república o una monarquía. El padre fundador respondió “una república, si pueden mantenerla”. Como dice Ezra Klein, desde un principio existía la duda o incertidumbre de que el sistema podía fallar. De esta manera, y aunque probablemente ya todos están cansados del tema, el 8 de noviembre de 2016, Donald Trump quedó electo presidente de los Estados Unidos de América. Como comentaba un amigo, “nunca había visto que tantos intelectuales y personas importantes se levantaran en contra de un candidato y este terminara ganando”.

Espero que el electo presidente pueda probar que nos estamos equivocando y que puede arreglar todos los problemas de su país. Si no es el caso, sinceramente no sé qué esperar. Actualmente Estados Unidos cuenta con el mejor ejército del mundo y es el que más invierte en este. Económicamente hablando, también es de los más relevantes. Es más, estados como Texas, California y Nueva York tienen un PIB mayor al de México.

Pensar que más de la mitad de los votantes consideraron que no debía ganar quien así lo hizo, y que la mayoría de las personas lo han considerado como no preparado para el puesto. Aún peor, que su partido ganó en todas las ramas gubernamentales, lo que le puede quitar oposición. Por estas razones, temo por el futuro de nuestro vecino, y con este, el futuro de México que se encuentra en dependencia de Estado Unidos.

Es cierto, ya no hay nada que podemos hacer a las elecciones. El sistema que nació hace más de dos mil años, y fue adaptado en EE.UU. para el S. XVIII, probó que un pueblo levanta la voz desconfiando de su sistema (aunque, claro, Hillary Clinton ganó el voto popular). Ahora, cae una responsabilidad en los ciudadanos y, como dije al principio, en escritores y personajes importantes para la sociedad. Cabe probar que el sistema que hemos perfeccionado y utilizado en los últimos siglos, y que ha sido alabado así como criticado, no está “regido por tontos”; mejor dicho, no está “controlado por tontos”. Las instituciones que debilitan a la presidencia y el pueblo que eligió a este gobernante, como los demás estados que se ven afectados por esta elección, deben monitorear y decidir si este es el rumbo que se debe seguir.

The Economist publicó un artículo del que quiero rescatar parte de su conclusión: “the election of Mr. Trump is a rebuff to all liberals, including this newspaper. The open markets and classically liberal democracy that we defend, and which had seemed to be affirmed in 1989, have been rejected by the electorate first in Britain and now in America. France, Italy and other European countries may well follow”. Ahora nos queda observar, analizar y determinar el futuro del mundo. Aparte de darle responsabilidad a la gente importante que es escuchada al criticar o apreciar esta decisión, todos los ciudadanos en un país democrático tienen el poder de votar y decidir quién será su próximo gobernante. Así, quiero preguntarle al lector ¿es acaso un gobierno conservador antisistema lo que hoy se necesita? ¿Necesitamos el cambio por el que el pueblo estadounidense ha votado, otro tipo de cambio, o basta con quedarnos estáticos?

Rodrigo Lichtle Ventosa
rodrigo.lichtleva@udlap.mx

Last modified: 19 Febrero, 2017

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