En busca del regreso

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Mientras que, actualmente, es bastante polémico catalogar a un autor como el mejor del momento, en la antigüedad grecolatina no había duda de quién era El poeta: Homero. Sus dos épicas, La Iliada y la Odisea, solían ser considerados los mejores textos escritos, lo que un buen autor debería aspirar alcanzar. Luego de eso, es un logro impresionante que por más de tres mil años se han seguido leyendo estas grandiosas obras.

El héroe de la segunda obra, Ulises, es muy interesante. En primer lugar, el término “héroe épico” se basa en obras medievales y se pueden clasificar sin ningún problema a Beowulf, Roldán, Sigfrido, así como muchos otros. Empero, ¿es Odiseo —el magnánimo personaje que con su ingenio ideó el caballo que causó la destrucción de la ciudad de las murallas casi divinas, quien supo escapar de un cíclope y superar diez años de un incansable regreso a casa— un héroe? Para responder esta pregunta hace falta centrarse en diferentes factores.

Para empezar, ¿cuál es la misión de Ulises en la obra? Se podría decir que regresar a casa. Sin embargo, para el canto número décimo tercero ya llega a Ítaca, su ciudad natal. Lo que aparentemente desea Odiseo es un regreso no tanto físico sino completo. Su misión no solo pasa a ser el alcanzar las costas de Ítaca, sino prácticamente regresar al tiempo de antes de partir a la lucha de Troya. Lo que este “héroe” desea es volver a ser el rey de la ciudad, sin duda de su autoridad y con una esposa que no está siendo molestada por pretendientes. El regreso de Ulises no es sólo un viaje redondo con ciertos percances, como algunos lo hacen parecer, sino el intento inalcanzable de regresar a un estado anterior. La imposibilidad de regresar en el tiempo y recuperar el pasado.

Para cuando el gran “héroe” logra llegar a su amado reino, se enfrenta a otra realidad: la única forma de alcanzar su estado original de monarca es matar, o mejor dicho, masacrar a los pretendientes de Penélope. Este argumento es el que aclara el que Ulises sea o no considerado un héroe. Todo héroe épico es considerado así por diferentes factores, pero uno de los más significativos es que este se enfrenta contra enemigos igual o mejores. Así, el último enemigo de Ulises, y el que más es descrito en la obra, son los pretendientes.

Como resumen, en los primeros cantos se habla de estos y los males que han traído a Telémaco y Penélope; desde que el personaje principal regresa a Ítaca hasta el penúltimo canto se planea y realiza la matanza. ¿Eran los pretendientes un oponente digno del magnánimo Ulises? Claramente, no. No quiero extenderme demasiado en esta idea, pero en verdad los pretendientes no tenían ninguna oportunidad. Incluso el ataque en un principio puede parecer cobarde, ya que este grupo enemigo no poseía nada con que defenderse del “héroe”, no anticipaban la lucha.

Pero no por estas razones La Odisea debe considerase menos relevante, o menospreciar a su héroe. Los griegos, y después los renacentistas, determinaron que el hombre perfecto era aquel ingenioso y bueno para el deporte y la guerra. Ulises es una representación de esta idealización, una que Alejando Magno alcanzaría más tarde. A diferencia de muchos otros héroes, lo que Odiseo posee es su gran ingenio y perseverancia. Tras veinte años de estar fuera de casa, este hombre seguía añorando solo una cosa: poder regresar a lo que era.

Los recuerdos son algo interesante. El añorar el pasado permite idealizarlo lentamente hasta el punto en que se ve imposible regresar. Esta obra no solo es grandiosa por cómo está escrita, por el tiempo que ha durado en el canon literario occidental o porque puede mostrarnos los ideales griegos y algunos rasgos de su cultura. La Odisea es una obra magnífica debido a que el sentimiento de melancolía del pasado y del lugar que fue dejado sigue existiendo. Hoy en día, cuando uno sale de intercambio académico o migra para estudiar o trabajar en otro país, se añora el poder regresar al estado anterior. Lo que nos cuesta entender, así como a Ulises, es que no podemos retornar al pasado. Cuando uno regresa, ya nada es lo mismo, todo ha cambiado. Así, sin darnos cuenta, nosotros mismos hemos cambiado hasta el punto de que nuestra identidad ha perdido fronteras y pasa a ser indefinida.

El problema, y lo que es a su vez grandioso, es la singularidad de nuestros recuerdos y cómo podemos jugar con ellos. Muchos quisiéramos regresar, retornar a ese momento, viaje, relación o ciudad; pero a la vez sabemos que es imposible. Si no nos damos cuenta de esa imposibilidad e intentamos regresar, nos enfrentaremos a que, aunque masacremos a los pretendientes, ya el presente no podrá volverse el pasado. Veremos que el pasado ha cambiado y se ha vuelto un recuerdo distorsionado por el ahora, algo que nuestra idealización no toma en cuenta. Pero todavía peor, nos daremos cuenta de que nosotros, y aquella persona que nuestros amigos, familiares y compañeros recordaban, ya no es la misma. Con esto, nos enfrentaremos a que “claramente el cambio es inevitable y necesario, y la consecuencia de este es nunca poder regresar al estado anterior”.

Rodrigo Lichte Ventosa
rodrigo.lichtleva@udlap.mx

Last modified: 8 Febrero, 2017

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