Maldita Primavera 2017

Written by | Fuera de foco, Opinión

Me disculpo de antemano, con mi editora y con quienes me leen, porque esto no sea concretamente una columna: no voy a hablar sobre ningún tema coyuntural y mucho menos creo que vaya a informar. Más bien, me daré el lujo de hablar sobre temas más emocionales (no, no voy a hablar de amores; no es esa columna del semestre). Consideren este párrafo como mi disclaimer.

Este semestre (que ya va para la mitad) tuvo un comienzo bastante turbio, no por ajetreado, ni por pesado. Valdrá la pena el oxímoron y diré que ha sido turbio por lo pasivo, por lo monótono. A diferencia de otros semestres, en los que en cada materia –menos tronco común, porque esas sirven para una mierda– encontraba algo de maravilloso, este solo ha tenido ese sentimiento en dos clases. Es llegar todos los días y sentir la pesadez y los grilletes que da la rutina.

Creí que esto solo me sucedía a mí y me asusté. Por un momento consideré seriamente dejar todo y tomarme un año sabático en un templo budista en Argentina. Hasta me puse a pensar cómo sería el duelo de raparme y rasurarme. Después me enteré de que no: varios de mis compañerxs están en la misma situación que yo.

Comencé a buscar qué podía hacer para regresar al camino antiguo en el que, con infantil inocencia, me maravillaba por todo lo que aprendiese de mi carrera. Leí un libro de Carlos Castaneda. Intenté meditar, incluso. Mas lo que más me pudo ayudar (además de hablar con mi viejo) fue recordar por qué estoy aquí.

Cada uno de nosotros vinimos con un propósito. Unos porque van a heredar el negocio de la familia y necesitan una licenciatura. Otros, solo porque quieren un título universitario. Algunos más, porque quieren meter mucho dinero en sus bolsillos. Todos están bien. Personalmente, vine porque quiero aprender nuevas formas para ayudar, como pueda, al mundo, al colectivo, haciendo algo que disfruto. Creo que lo que necesita la Universidad es gente que piense para el colectivo, pues las individualidades casi nunca llegan lejos.

Suena muy fácil, incluso suena tonto, pero para los momentos en los que estamos desanimados o confundidos, saber que ya decidimos un propósito sirve para reanudar el paso, regresarnos o llevarnos al camino.

No sé si mis cursilerías te vayan a servir de algo. Quiero creer que sí. No sé de qué manera esté llevando cada persona su carrera, pero espero que, en los baches y en los puntos flojos, encuentren algo para seguir tirando. Quizá sí es el camino del guerrero del que habla Don Juan. Quizás sí hay que ir a un templo budista en Argentina. Quizás hay que cambiarlo todo y ser revolucionario.

Eric H. Cetina Karsten

eric.cetinakn@udlap.mx

@ehauvery

Last modified: 22 Febrero, 2017

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