Lo que callamos en la prensa

Recuerdo cuando, en alguna no tan afortunada ocasión, me tocó cubrir una de aquellas controversiales “juntas nocturnas de CEUDLAP”. Para mi sorpresa, yo no era una grata visita; cuestionado con tono amenazante, pasé al pleno con la injusta obligación de defender y dar razones válidas al régimen para tener la dicha de estar en su hermosa velada autoritaria. Respiré, y dije que estaba únicamente para contar lo que pasaba, no para criticarlo (mientras mi sentimiento de autocensura se sentía en el pecho).

Desafortunadamente, en el mundo real la cosa no es diferente. Hace un par de semanas, la cadena CNN fue expulsada de Venezuela; esta era considerada la única cadena “crítica” de noticias en el país. El golpe fue devastador para la prensa y la libertad de expresión. Para el gobierno de Nicolás Maduro, fue el hecho con el que pudo saciar su sed de censura y dominio.

Por otro lado, algunos creen que Estados Unidos es potencia en lo que a libertad de prensa se refiere… ¡ja! El pasado viernes, medios importantes como The New York Times, CNN, LA Times, Politico y BuzzFeed presentaron una queja, puesto que no les permitieron la entrada a un encuentro en La Casa Blanca. Triste, pero no me sorprende en lo absoluto.

Es cierto, existen quienes utilizan a la prensa irresponsablemente como juguete de destrucción y falsa promoción, recurriendo al amarillismo, falta de fuentes fiables y morbo popular para ganar lectores. Sin embargo, su similar en el poder es inclusive más peligroso, ya que, tiene (en teoría) esta injusta capacidad de silenciar a quien de plano, no le sea muy de su agrado. Ambos (periodismo irresponsable y poder absoluto), son letales e innecesarios.

En términos generales, creo que los dos actores deben tener en mente dos misiones fundamentales: la prensa, por un lado, tiene la obligación de velar por la justicia y la verdad. El gobierno, tiene la obligación de velar por su pueblo, haciendo las cosas correctas por este y, entre esas cosas correctas, está darle voz a todos.

Es lamentable observar a los hombres trajeados en el poder dar órdenes absolutas para sepultar las libertades de quienes, en muchas ocasiones, son la voz insistente y crítica del pueblo. Nadie que tenga un poder de esas magnitudes debe cerrarle las puertas a quienes están poniendo en la mesa sus letras, imágenes, grabaciones y mensaje en general, para denunciar algo que concierne a todos. Por el contrario, quien tenga el poder debe darle voz a sus adeptos y a sus contrarios, sin miedo a la crítica, sin miedo a la voz y mucho menos, sin miedo al cambio.

Ray Ricardez
raymundo.ricardezga@udlap.mx
@RayRicardez

Last modified: 1 Marzo, 2017

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