Memorias de la hidra mexicana: el PRI

“No hay mal que dure 100 años”, dicen por las calles mexicanas, mientras una de las joyas antiguas que emanaron de la política post revolucionaria de este país cumplía 88 el pasado sábado. En su festejo, se negaba a morir, a reconocerse “viejo” u “obsoleto”. Es más, se regocijaba ante una historia más que manchada de censura, represión, desigualdad, corrupción, desvío desmedido de recursos, pobreza, lujos para unos cuantos, clasismo, inseguridad y de otros pequeños detalles. Eso sí, de compromisos banales, retórica hermosa y progreso imperceptible, también.

Plutarco Elías Calles (fundador del PNR, abuelito del PRI) lo tenía bastante claro: estaba en las condiciones para crear un monstruo político capaz de absorber a prácticamente todas las facciones políticas/militares y sectores sociales en pro del bienestar, orden y democracia mexicana, ja, ja, ja.

Algo que he aprendido de la historia (tanto la que me han contado, como la que he vivido) es que el Partido Revolucionario Institucional, es una especie de hidra: le cortas una cabeza y le salen dos. Por más que muchos sectores en la sociedad mexicana lo quieran ver fuera de la jugada, es prácticamente imposible que el poderoso dinosaurio ya consolidado, muera; la herencia priísta es fuerte y palpable. A pesar de eso, las inconsistencias históricas y sociales (relacionadas directa o indirectamente al partido) son demasiadas.

De manera superficial, me atrevo a decir que el partido forjó, en gran parte, la visión negativa que el mexicano promedio tiene hacia sus gobernantes, convirtiendo automáticamente al servidor público en un personaje “desagradable” para el ciudadano. Es más, lo sigue haciendo; no considero que exista gran diferencia (aunque profundizando, claro que la hay) entre Plutarco Elías Calles, Miguel Alemán, Gustavo Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, Salinas y todos los demás nombres del priáto, con los que nos regala hoy en día: Javier Duarte, Moreira, EPN y compañía. Tampoco voy a generalizar, ingenuamente, creo que también existen algunas cuantas excepciones. Eso sí, encontrarlas es igual a encontrar una aguja en un pajar.

Este enojo del mexicano (por más injustificado/chairo/intolerante que la contraparte alegue que es) es totalmente entendible; han sido más tristezas, corajes y miedos que nada. Los pocos logros consolidados del PRI para el país, se han ahogado con todas las decepciones. Sin embargo, para bien del partido y para mal de los demás, recordemos que “México no tiene memoria”. Así que no se preocupen, votos seguirán teniendo. Además, no es como que los otros partidos sean un “cambio” verdaderamente real.

En términos generales, ni al PRI, ni a los demás partidos, les interesa demasiado un bienestar social. El partido político y el servidor público siempre se han desentendido de su pueblo; no lo conocen, no lo escuchan, no lo necesitan y, mucho menos, se ocupan de sus necesidades. Ellos, monarcas y patrones de México, no parecen necesitar al pueblo. El gobierno, para el gobernante mexicano, es una clase social, es prestigio, es pose y lujo, es tener un status ante los demás, es poder hacer parafernalia en los restaurantes y eventos. ¿Servir al pueblo? ¿De cuándo a acá se ha tratado de eso?

Ray Ricardez
raymundo.ricardezga@udlap.mx
@RayRicardez

Last modified: 9 Marzo, 2017

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