Vincent: locura y genialidad

Written by | Life imitates art, Opinión

Si escucharas que las obras de algún pintor antiguo se venden actualmente por hasta veintidós millones y quinientas libras esterlinas, ¿qué pensarías del hombre en cuestión? La imaginación podría volar hacia cualquier dirección, pero muy probablemente no se posaría sobre la vida aparentemente triste, desolada y melancólica de Vincent van Gogh. Todos sabemos que el pintor cortó su propia oreja, que era completamente antisocial y que su comportamiento denotaba un fuerte problema psicológico. Sus pensamientos no eran lo que se esperaba, pero, ¿estaba realmente loco o veía lo que los demás no podían?

Olvidemos la típica imagen del pelirrojo serio que tenemos de Vincent, imaginémoslo de 15 años, sin barba.  Un flacucho que, al verse obligado a dejar la escuela y comenzar a trabajar en una ciudad grande como lo era la Haya, tuvo a su disposición grandes galerías de arte e ilimitadas fuentes de inspiración. Librerías completas, novelas de toda clase y aprender francés, inglés y alemán no era suficiente para el hambre del futuro pintor; Vincent seguía creciendo y el mundo parecía cada vez más pequeño.

Para cualquier artista, enamorarse es punto crucial para su vida y sus creaciones, pero a lo largo de su vida, van Gogh no tuvo más que desilusiones. Su primera amada, Úrsula, lo echa de su casa cuando recibe una propuesta de matrimonio. Más adelante, una viuda huye de él hasta Ámsterdam y, al ser perseguida por Vincent, la sociedad lo repudia por intransigente. Al final, una prostituta amada por el pintor acepta una vida juntos para contagiarlo de sífilis y gonorrea.

Vincent decide, en los primeros años de su adultez, convertirse en pastor como lo fue su padre, y su padre antes que él. Comenzará los estudios necesarios con una dedicación que podría catalogarse como devota o más bien insana. Si sus horas de estudio no habían sido suficientes, van Gogh se autocastigaba saltándose la comida o durmiendo una noche afuera. Te apuesto lo que quieras a que tú, con los parciales de “Ética para el desarrollo sustentable”, no fuiste tan dedicado.  Al final, Vincent no presenta los exámenes finales en la facultad de teología porque se niega a cursar latín, una lengua muerta no debe ser requisito, los pobres no la hablan, argumentaba. Un pensamiento ahora bastante lógico le negó en aquellos años la aceptación del grupo al que más deseaba pertenecer. Una vez más, el pintor no encajaba en ningún lado.

En París, Vincent conoce y trabaja junto con Lautrec, Gauguin y otros pintores impresionistas.  Aquellos exponentes no trabajaban si el día no era perfecto, y si la tarde caía, se reunían en los mejores cafés para enriquecer su vida social. Van Gogh creía que esto era mediocridad y comúnmente los confrontaba directamente, irritándolos sobremanera y causando su propio rechazo. Enclaustrado entonces en su cuarto, el pintor no pudo más que ser absorbido por los vapores de la trementina y el plomo con el que se hacía la pintura. Mordisquear pinceles, discusiones sin sentido con sus colegas, van Gogh terminaría en un hospital por haberle regalado su oreja a una prostituta y casi morir desangrado.

Vincent captó la escencia de la luz y los campesinos mejor que cualquier otro pintor en el mundo, absorbió la verdadera alma de las cosas y la plasmó en un sin fin de cuadros para que todos nosotros podamos apreciarlo. Desafortunadamente, su vida sí estuvo plagada de locura y extremismo; enfermedades y claustro desarrollaron la mente de un genio.

Valeria Santos Vinay
valeria.santosvy@udlap.mx
@ValeriaSVinay

Last modified: 1 Marzo, 2017

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