¿De quién es la 10?

Written by | Opinión

Desde su invención en 1930, la Copa Mundial de Fútbol siempre ha sido el trofeo más importante y codiciado por todos los futbolistas; la cita que se realiza cada cuatro años ha consagrado a varios de los mejores equipos y jugadores que han asistido a la justa mundialista. A lo largo de la historia del fútbol, han aparecido figuras que han marcado un hito en este deporte en sus respectivas épocas, su talento con la pelota y la cantidad de títulos ganados con su club y/o selección los respaldan.

Los mejores momentos de las selecciones más destacadas en Sudamérica han sucedido en distintos mundiales: la Uruguay de Ghiggia en 1950, el Brasil de Pelé en 1970, la Argentina de Kempes en 1978 o la de Maradona en 1986; la selección argentina jugó y perdió su primera final en 1930 ante sus vecinos uruguayos, y no volverían a jugar una final hasta 1978. El Matador se coronó en el Monumental de Buenos Aires y el Pelusa en el Azteca de la Ciudad de México.

La selección argentina perdió las dos finales siguientes a las que llegó, la primera en Italia 1990 contra Alemania Federal en el Olímpico de Roma y la segunda en Brasil 2014 (también contra los alemanes), en el Maracaná. Curiosamente, en ambas ocasiones, la albiceleste saltó al campo con el uniforme visitante, color azul rey, y terminaron por quedar subcampeones. La final de 1990 representó un golpe muy duro para Maradona, que ya había probado las mieles de la victoria cuatro años atrás pero soñaba con el bicampeonato mundial para concretar una hazaña deportiva prácticamente inigualable.

Maradona dejó los parámetros muy altos para la próxima estrella argentina que portara el dorsal #10 con la albiceleste; pasaron varios jugadores como Gallardo, Riquelme y Tévez  que nunca dieron el ancho para siquiera empezar la comparación con Maradó -a pesar de un talento inmenso- hasta que apareció Messi Cuccittini. La primera gran prueba de la Pulga fue en Sudáfrica 2010, bajo el mando de Maradona como técnico; llegarían hasta cuartos de final tras perder ante Alemania cuatro por uno, cesarían al técnico y comenzaría una polémica comparación sobre quién es el mejor entre estos dos.

Particularmente la comparaciones entre ambos cracks argentinos que ha visto este deporte son incongruentes y odiosas debido a que no se pueden establecer los mismos parámetros para medir a cada uno; la época futbolística en la que se desarrollaron, los jugadores a los que enfrentaron, su rendimiento en su club y en la selección y la duración de su trayectoria otorgan un sesgo suficientemente grande para evitar una comparación objetiva. Desafortunadamente, el mundo del balón lleva demasiado tiempo buscando una respuesta tajante sobre quien es el verdadero D10S del fútbol, en lugar de simplemente disfrutar de lo que hizo y hace cada uno con la albiceleste.

Por otra parte, se pueden resaltar aspectos de la carrera de cada uno para determinar quién ha sido el “mejor” portador del dorsal con más peso en todos los equipos y selecciones del mundo. Maradona jugó los mundiales de 1982 a 1994, quedando cuarto lugar, campeón, subcampeón y terminando entre los mejores dieciséis respectivamente. Messi ha jugado los mundiales de 2006 a 2014, quedando entre los mejores ocho en las primeras dos justas y subcampeón en la última participación. Los datos son fríos, el Pelusa se coronó y la Pulga no lo consiguió, pero los compañeros que los rodeaban fueron clave para el desenlace de cada uno.

El mundial fue el título más importante de la carrera de Diego -el Scudetto con el Napoli se le acerca- pero la selección del 86’ no se compara en lo más mínimo a la del 14’. Para Maradona era muy sencillo tomar el balón en mediocampo arrancar con todo hacia el arco rival y sacar un pase de fantasía hacia Valdano, el cual definiría con clase y tranquilidad para poner adelante al equipo; del otro lado Messi hace prácticamente lo mismo pero al momento de asistir de manera perfecta a Higuaín, este terminaría lanzándola por un costado del arco.

Como ya es costumbre cuando rueda la pelota, “la pelota siempre al 10”, pero al mismo tiempo el equipo rival sabe en quien poner un énfasis particular al momento de marcar. A Maradona lo rodeaban cuatro o cinco jugadores, se volteaba y hacia una pared con Burruchaga para salir avante y armar una jugada a la ofensiva. Con Messi pasa algo similar, se encuentra en mediocampo, rodeado de contrarios y no logra conectar ni con Biglia, ni con Lavezzi para que lo proyecten en ofensiva y asista a alguno que se encuentre en el área. No olvidemos que su mejor socio, Di Maria, disfruta de lesionarse en finales.

Si nos metemos en el ámbito de la trayectoria con sus respectivos clubes, Maradona jugó para Argentinos Juniors, Boca Juniors, FC Barcelona, SSC Napoli, Sevilla FC y Newell’s Old Boys ganando una Liga en Argentina, una Copa del Rey, una Copa de la Liga (torneo extinto) y una Supercopa en España. En Italia, su época más importante fuera de la selección, ganó dos Scudettos, una Copa y una Supercopa junto con la Copa de la UEFA. Individualmente ganó el balón de Oro en la final del mundial y un par de galardones por ser el máximo anotador en una temporada de la Serie A.

Lionel se formaba en Newell’s Old Boys cuando fue fichado por el FC Barcelona, donde se desarrollaría hasta formar parte del primer equipo y deleitarnos con su forma de jugar a la redonda, en lo que lleva de carrera con el equipo en España tiene ocho Ligas, cinco Copas del Rey, siete Supercopas. En competencias internacionales, Messi cuenta con cuatro Champions League, tres Supercopas y tres Mundiales de Clubes. En lo individual, Messi ha ganado cinco veces el Balón de Oro y cuatro veces la Bota de Oro.

Probablemente estas comparaciones no terminarán ni cuando Messi se retire, pero tras todas estas estadísticas, podemos ver como cada uno ha triunfado a nivel de clubes o de selección. Maradona tuvo un excelente mundial y después mantuvo un nivel muy alto en las temporadas con el Napoli, consiguiendo la hazaña de dos Scudettos; pero su declive comenzó en estos años tras perder esa final contra Alemania. Maradona fue un excelente jugador, con una zurda educada para colocar el balón en cualquier espacio entre los defensas o de la portería, pero su periodo más prolífico como jugador fue de cuatro años y eso es muy pobre para ser denominado una leyenda.

Si dejamos a un lado la pérdida final en 2014, Messi lleva trece años de carrera compitiendo al más alto nivel en club y selección, contra los rivales más complicados de todo el mundo, obteniendo treinta títulos grupales y nueve individuales, con aún cuatro o cinco años más por jugar, manteniendo el mismo nivel que nos ha demostrado a lo largo de su carrera. En Barcelona ha estado arropado por una generación de futbolistas que están al mismo nivel y juntos han conseguido todos los éxitos mencionados, pero en la albiceleste todo es diferente. Messi no encuentra un equipo que lo arropa sino que lo arrastra. El simple hecho de ser el único jugador argentino de los últimos quince años que ha sobresalido en el ámbito internacional representa aún más presión para el jugador; si los resultados son positivos es por su rendimiento en el campo, pero cuando son negativos no se reparte en la misma proporción la responsabilidad. No es su culpa tener que jugar con diez compañeros que son de un nivel medio y no trabajan para aprovechar el pedazo de jugador que tienen por capitán.

Messi ha evolucionado desde su debut para ser un jugador todo terreno: cuando no encuentra espacios baja al mediocampo a pedir el balón para construir desde ahí, juega entre líneas, asiste, retiene, determina el ritmo del juego y define el marcador. La Pulga es y será el mejor jugador de la historia, no solo por sus trofeos grupales o individuales, con mundial o sin mundial, pero principalmente por la forma en la que juega al futbol. Todo lo que hace Messi, lo hacen equipos completos; somos privilegiados de observar a un jugador de semejantes características que nunca se habían visto y no sabemos si se repetirá.

Pablo Reyes Lombardo

pablo.reyeslo@udlap.mx

Last modified: 13 febrero, 2018

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