A cuatro años

Written by | Opinión

El día de hoy, 26 de septiembre del 2018, se conmemoran 4 años de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, Escuela Normal de de Ayotzinapa. El caso Iguala no sólo es una tragedia que marcó mi generación y cimbró a este gobierno, sino que retrata el precario contexto de violencia e inseguridad que se vive en el país.

Fernando del Paso le escribió a José Emilio Pacheco en una carta que le daba pena aprender los nombres de pueblos mexicanos- aquellos que nunca aprendió en la escuela- solo cuando ocurre una tremenda injusticia; solo cuando en ellos corre sangre.

“Tierra de tortugas”, es lo que significa Ayotzinapa en náhuatl. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), convocado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. decidió colocar la imagen de una tortuga en sus dos informes sobre el caso. Hoy sabemos el significado del nombre de la comunidad, las irregularidades del caso; conocemos los nombres de los 43 estudiantes, sus rostros, a sus familias y sin embargo, a cuatro años de distancia no sabemos qué pasó.

La administración de este gobierno decidió mentirle a las víctimas, a nosotros y al mundo. La verdad histórica dicta que los estudiantes fueron quemados en el basurero de Cocula. Sin embargo, esta ha sido desmentida una y otra vez. “El problema no es que me hayas mentido, el problema es que de ahora en adelante no te podré creer”, bien lo escribió Nietzsche. La administración de Enrique Peña Nieto y la Procuraduría jamás recuperaron la credibilidad después de esto.

El gobierno de Peña no ordenó la desaparición de los estudiantes, eso es claro. Sin embargo, este es responsable de la investigación mediocre y su falta a la verdad, de proteger al Batallón 27 de Infantería que desde los primeros minutos sabían lo que estaba pasando y no hicieron nada. Un gobierno cómplice de omisión y de negligencia; un gobierno de vergüenza.

A diferencia de lo que muchos proclaman para hacernos parte de la tragedia, yo estoy convencido de algo. No puedo ser yo, ni mis compañeros de la universidad, ni mis amigos de la preparatoria por la sencilla razón de que el contexto importa. Mi realidad es diferente y no por eso los criminalizo ni los condeno porque las víctimas jamás serán responsables.

El primer informe del GIEI dedica su primer capítulo a describir el contexto y los antecedentes. La normal de Ayotzinapa es una de las 17 normales que aún existen en el país. Estas tienen un presencia importante en la política y la sociedad de Guerrero. Una relación complicada con las autoridades y conflictos previos.

La toma de autobuses es una práctica tradicional de las diversas normales del país, no fueron desaparecidos por eso. Hoy sabemos que el crimen organizado estuvo involucrado; el tráfico de heroína de Guerrero a Illinois es una pieza clave para entender lo que pasó. La utilización de camiones de pasajeros para transportar la droga es lo que condenó a 43 estudiantes que viajaban a la Ciudad de México a conmemorar la masacre del 2 de octubre.

Al concluir este texto, mis ojos se humedecen y están a punto de llorar porque una calamidad como la ocurrida la noche del 26 de septiembre del 2014 no es para menos.  No puedo imaginar el horror y el sufrimiento de 43 familias de la normal ubicada en Iguala y de una comunidad entera.

Verdad y justicia es lo que las víctimas reclaman y merecen tener. Nosotros reclamamos lo mismo porque un crimen como este jamás deberá repetirse; porque a cuatro años de distancia la herida sigue abierta. Hasta no encontrar la verdad y otorgar justicia, seguiremos gritando a todo pulmón que nos faltan 43.

 

Alexis Murillo Corona

alexis.murilloca@udlap.mx

@Mc1998Alex

 

Última actualización: 27 de septiembre de 2018, 19:05 horas.

Last modified: 27 septiembre, 2018

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