La justicia injusta

Written by | Opinión

Una de las principales banderas de campaña de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), nuestro presidente electo, fue la promesa de los procesos de pacificación, mismos que, según sus palabras, le regresarán a México la armonía que otros políticos le arrebataron. Creo yo que, independientemente de la simpatía partidista que tengamos —si es que somos de estómago rudo y aún tenemos alguna— todas y todos coincidimos en que urge tomar medidas que impidan que el país continúe desangrándose.

Los foros federales y estatales de discusión, consenso y diálogo orientados a lograr la reconciliación nacional ya iniciaron, y los resultados no sólo han sido limitados, sino que, además, han confirmado que la iniciativa es todo un reto. Y por si la misión no fuera ya suficientemente laberíntica y sombría, las noticias del último par de semanas entre las que destacan el descubrimiento de fosas clandestinas con más de 300 cráneos, los tráilers que por más de dos años han «paseado» a numerosos cadáveres que ya no alcanzaron lugar para su entierro y la balacera entre mariachis y comensales en Garibaldi, han remarcado la crisis de Derechos Humanos, de violencia y de inseguridad que vive el país.

Ante todo esto, es importante que reflexionemos no sólo acerca de la forma en la que hemos aprendido a vivir siempre tan cerca de la violencia, como víctimas, como potenciales víctimas e incluso como cómplices, sino que también debemos de aprovechar el momento y poner de una vez por todas sobre la mesa los puntos que no podemos dejar fuera de estos procesos de reconciliación y amnistía.

Para mí, es indispensable que se entienda y que no se pierda de vista que no todas las víctimas son víctimas por los mismos motivos, pues sólo comprendiendo los por qués, lograremos encontrar los cómos y sobretodo, podremos asegurar los nunca más. De ahí que no nos conformemos con que se hable y se escuche —y no porque sea poco, sino que no es suficiente— de las personas que fueron asesinadas en manos del crimen organizado, de las que están desaparecidas, de quienes el mismo Estado les arrebató la vida, pero también de aquellas mujeres y hombres víctimas que forman (o, más bien, formaban) parte de minorías vulnerables y marginalizadas, y a quienes, incluso en estos procesos enfocados en una impartición de justicia supuestamente integral, se les discrimina.

Según datos de ASILEGAL, organización no gubernamental que trabaja en la defensa de los Derechos Humanos, México ocupa el segundo lugar en el ranking de los países con mayor cantidad de crímenes de odio; estos delitos implican la tortura, la mutilación, la violación y el asesinato de un grupo de personas por, entre otros motivos, su orientación sexual y/o su identidad de género. Estas agresiones no son espontáneas ni suceden de manera aislada o esporádica, más bien son el resultado de una cultura y una sociedad que discrimina y violenta a todas aquellas personas que forman parte de la diversidad. Las mexicanas y los mexicanos prefieren exterminar a las alteridades antes que integrarlas y enriquecerse de su pluralidad, y el Estado no está tomando medidas suficientes para prevenir la discriminación ni para castigar sus alcances.

AMLO y su gabinete han reiterado en numerosas ocasiones su interés por hacerle justicia a todas las víctimas de la violencia en el país. Con un rostro desencajado, Obrador ya ha escuchado a las madres de las personas desaparecidas, a los familiares de las víctimas de los feminicidios, a los amigos de quienes perdieron la vida como consecuencia de la guerra contra el narcotráfico. Lo cual es importante y positivo, pero, me pregunto yo, ¿cuándo va a dialogar con quienes han sufrido en carne propia o en carne ajena, pero muy cercana y querida, los crímenes de odio? ¿Cuándo va a escuchar los testimonios y las historias de las agresiones y los asesinatos sufridos por las mujeres y hombres LGBT+? ¿Cuándo va a incluir a las lesbianas, los homosexuales, las y los bisexuales, las personas trans e intersexuales en este proceso de reconciliación, pacificación y justicia? ¿Cuándo, cuándo, cuándo? ¿O será que la diversidad sexual en este país no sólo está condicionada a ser discriminada en vida, sino que también está destinada a serlo en la muerte?

El éxito de estos procesos de reconciliación nacional está sujeto en gran medida a que la impartición de justicia sea realmente inclusiva, a que cuando se afirme que se le está haciendo justicia a todas las víctimas, en verdad se tome en cuenta a todas y a todos, pero también depende de que a la hora de reflexionar sobre las causas estructurales que generan tantos asesinatos y desapariciones, se trabaje por identificar, combatir y prevenir los factores que generan odio y violencia contra todas esas personas a las que siempre se nos ha considerado como ciudadanía de segunda, es decir, a aquellas y aquellos que somos juzgados por ser quienes somos y por amar a quien amamos.

“Justicia para todos. Olvido no, perdón sí”, recalca Andrés Manuel cada que puede; entonces no se olvide de integrar a las personas LGBT+ en sus planes de reconciliación y de justicia, licenciado.

 

Daniela Hernández

daniela.hernandezsz@udlap.mx

@DanHdex

Last modified: 24 septiembre, 2018

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