La Plaza de la Soledad

Written by | Opinión

Personas que se reúnen con un fin específico, a una hora específica, en un lugar específico. Hay espacios que cobran sentido por las personas que los reviven.

Las especulaciones y las razones sobran. La “vida fácil” sigue siendo un tabú o un morbo para la agenda de nuestra generación. Pero hay un grupo de mujeres que viven el rechazo social de una forma todavía más palpable: las prostitutas de la tercera edad. Son grupos a los que no se les dan micrófonos, que se han olvidado y que no llaman la suficiente atención como para discutir.

Generalmente, se relata y se percibe la prostitución como una tragedia para las personas jóvenes, porque todavía tendrían una vida para hacer algo más, vivir de algo más. Sin embargo, para las que habitan la Plaza de la Soledad, cuando sale la luna no existe panorama suficiente para escapar. Son mujeres que han sido olvidadas desde temprana edad y que no conocen una manera distinta de percibir la vida.

Ellas comparten un mismo espacio, un lugar en el cual son capaces de trabajar, de convivir, de comer, de encontrarse y de soñar. Pero, a pesar de estar juntas, de habitar, de llenar, de existir, siempre persistirá dentro de ellas un vacío imposible de sanar. Son mujeres que se reúnen a vivir un sentimiento tan profundo que jamás podrá ser erradicado.

Irónicamente, para algunos hay lugares públicos en los que se sienten más cobijados que en la intimidad: eso es para ellas la Plaza de la Soledad. Es un acto de rebeldía hacia el abandono sistemático al romper con las ideas románticas establecidas acerca del amor, el cobijo y el consuelo.

 

Mariana López Lima

mariana.lopezla@udlap.mx

Last modified: 27 febrero, 2019

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