¿Se debe cambiar todo?

Written by | Opinión

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene un impulso de reformar y cambiar el país. La “cuarta transformación” no solo es un eslogan de campaña, sino una deuda con la población. En tiempos de la democracia mexicana, ningún candidato había logrado un 51 por ciento de la votación, pero la legitimidad y el apoyo que la población le otorgó a López Obrador no solo se quedaron en su candidatura, también permearon a todos los candidatos de su partido.

El “tsunami Morena” es el nombre que se le dio al apoyo abrumador de la población al proyecto de López Obrador, el cual promete cambiar el régimen político y no ser un simple gobierno más. Sin embargo, ante este escenario, muchos cuestionan si es correcto que se intente cambiar todo.  

En su libro Market and Democracy, el célebre politólogo Adam Przeworski define la democracia como un sistema de reglas donde múltiples fuerzas políticas compiten, un sistema donde todo es posible y nada es predecible, un sistema de incertidumbre organizada. Bajo nuestro sistema de reglas, Morena y sus aliados ganaron la presidencia de la República, la mayoría absoluta en el cámara de Diputados (314 de 500 diputados), la mayoría relativa en el Senado (73 de 128), 19 congresos locales y 5 gubernaturas.

Para realizar reformas constitucionales, López Obrador necesita 333 diputados federales y 88 senadores, además del apoyo de la mayoría de las 32 legislaturas locales. Cambiar la Constitución no será una tarea difícil para un gobierno tan legítimo como este. No obstante, las reformas no garantizan cambios permanentes. Enrique Peña Nieto es el gran reformador de la constitución desde su fundación en 1917, y aún así sus logros están siendo atacados por la nueva mayoría.

A diferencia de Peña, López Obrador no necesita realizar pactos con otros partidos como lo hizo el expresidente priista, simplemente necesita algunos votos aliados dentro de las cámaras, los cuales no le costará mucho obtener. Un presidente tan poderoso como él tiene mucho que ofrecer a la clase política.

Las mayorías se utilizan y el presidente lo entiende bien. Movilizará su poder para garantizar los cambios que considere necesarios para satisfacer a su electorado. Las reglas se cambian conforme a las reglas, y en nuestro sistema, López Obrador puede hacerlo porque así lo decidió la ciudadanía.  

El legado de Peña Nieto está siendo vulnerado porque nada garantiza que tus ideas prevalezcan después de que dejes el poder. Nada garantiza que el gobierno que te remplace decida abrazar tus proyectos. Peña Nieto lo aprendió de mala manera, y López Obrador debe entenderlo también. Nada garantiza que, en seis años, el nuevo presidente (o presidenta) continúe con todos los proyectos que López Obrador promueva en su sexenio.

La democracia es un sistema donde la competencia puede garantizar que los hoy derrotados se levanten con el triunfo en el futuro, y el gran ejemplo de eso es el actual presidente de la República. Aunque la definición de Przeworski puede ser limitada, tiene razón al afirmar que en un sistema democrático la incertidumbre siempre estará presente y que todo puede pasar.

 

Alexis Murillo Corona

@AlexisMurilloC
alexis.murilloca@udlap.mx

Last modified: 4 marzo, 2019

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