Shakespeare feminista

¡Macbeth! ¡Macbeth! ¡Macbeth! No le tengo miedo a un nombre ¡Macbeth!

Si alguno de ustedes sabe algo sobre las leyendas del teatro, saben que ahora mismo se me deberían romper las dos piernas. Lo que hace el poder de un nombre. Por algo la gente piensa dos veces antes de nombrar a su hijo o hija y por algo cada vez hay menos Osamas o Adolfs. Un nombre nos puede indicar el poder de una persona, como alguna vez fue el nombre César. Un nombre nos puede decir su nacionalidad y cultura. El nombre es lo que nos consolida la primera impresión de una persona. Hoy les voy a hablar de alguien sin nombre. De alguien que tiene poder, causa una gran impresión, empodera a la mujer y se queda como uno de los personajes más célebres de William Shakespeare. Hoy les hablaré de Lady Macbeth.

Lady Macbeth se roba el escenario. No hay nadie que lea la obra escocesa que pueda negar la presencia que tiene esta mujer. Ella es la esposa de nuestro protagonista. Un protagonista que se enfrenta a un dilema moral. Un protagonista que tiene el poder a la mano a cambio de perder toda su integridad como persona. Un protagonista que realmente no lo es.

Macbeth no es más que un títere. Un títere hacia una profecía y hacia su esposa, la inigualable Lady Macbeth. La historia toma lugar en el siglo XII, una época donde el rol de la mujer era casi inexistente. No estoy diciendo que Lady Macbeth sea un ícono feminista moderno, pero fue trascendental para su época.

¿Qué difícil ha de ser que tu única forma de obtener poder sea la posición de tu esposo? Imagínense ser mucho más capaz e inteligente y no poder llegar lejos porque tu pareja es inhábil. Una mujer de la época se quedaría en las sombras, apoyando a su esposo incondicionalmente. ¿Adivinen quién rompió esa expectativa? Así es Lady Macbeth.

Llegar a ser reina no es un camino fácil, pero nadie lo hace con tanto fulgor como Lady Macbeth. Tira a la basura el rol de madre de la manera más espectacularmente posible. ¿No me creen? Sólo lean. “He dado de mamar, y sé qué tierno es amar al bebé que mama: pues bien, cuando me mirara sonriendo le arrancaría mi pezón de sus blancas encías y le partiría el cráneo, si así lo hubiera jurado yo como tú lo has jurado.” Solo lean que belleza de línea. Hasta hoy en día se ve mal visto el abandonar el rol de madre para llegar a cumplir los deseos propios. ¡Y que manera de abandonar! Sólo Lady Macbeth puede echar a la basura a su pesado rol de madre y cuestionar la hombría de su esposo al mismo tiempo.

Por más breve que sea su reino, logró su cometido. Claro fue a través de la manipulación del esposo, pero ella sabía que en su mundo no había otra opción. No estoy diciendo que Lady Macbeth es un ejemplo por seguir. Después de todo, termina matando a varias personas lo que le causa una culpa y demencia terrible. Lo que nos enseñó su personaje es que las mujeres tenemos más de un rol, más de una cara. Podemos ser las villanas, no tenemos que amar incondicionalmente a nuestros hijos, y lo más importante, no solo somos sumisas.

Si quieren disfrutar a este personaje o si quieren aventarme la madre en los comentarios, los invito a sacar la obra Macbeth de William Shakespeare en la hermosísima biblioteca UDLAP.

 

Anna Gabriella Cavagliano Martínez

anna.cavaglianomz@udlap.mx

@AnnaGabriellaCM

 

Last modified: 4 octubre, 2019

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