De las relaciones

Written by | Opinión, Reflexiones

“Muchas personas pasan por nuestra vida, pero solo muy pocas llegan a ocupar un gran lugar en nuestro corazón” –Adam Smith

Durante mi breve paso por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), tuve una discusión algo encendida y radical en una clase de inglés. El profesor Heriberto Díaz soltó una pregunta inocente que se convirtió en una bomba molotov al aterrizar en un cuarto lleno de intensos “intelectuales” que buscaban tener siempre la razón. La cuestión era sencilla y tenía cinco respuestas, te invito a que contestes con el corazón: ¿Deberías ser 100% honesto con todo aquel con quien tengas una relación? Fuertemente de acuerdo / De acuerdo / Tibio / En desacuerdo / Fuertemente en desacuerdo. Como el dramático que soy, yo consideraba que siempre había que ser honestos, aunque la verdad duela. La mayoría fluctuaba entre de acuerdo y en desacuerdo, mientras pocos teníamos opiniones radicales. Uno de los argumentos que proponían los contrarios era que “relación” es todo aquel vínculo que estableces con una persona desde el momento cero. De este modo, en un rato que vaya a cenar, estableceré una relación con mi mesero, tan solo por intercambiar palabras.

Para mí, relación es una conexión más poderosa y fuerte. Encuentra sus bases en las experiencias vividas, en los sentimientos mutuos y el respeto. Comparten un lazo no necesariamente sanguíneo o profesional; es algo más profundo, real, selecto. Una persona con quien tienes una relación es alguien a quien tú elegiste otorgarle tu confianza y tu cariño; alguien con quien tomarías un café o verías una peli porque te agrada estar con él o ella. Yo considero que lo que mis compañeros definían es trato, algo superficial e incluso accidental. Por esta razón tomé esa posición: si yo elegí darte mi confianza, debería ser 100% transparente contigo. No voy a ser totalmente honesto con un policía o no voy a llorarle mis penas al cantinero (aunque no suena tan mal). Por eso, no puedo compartir una relación con cualquier persona.

No creo en las relaciones familiares, ni las profesionales. La familia no se escoge y, la mayoría, no puede elegir con quién trabajar. Quiero a mis parientes, pero no a todos les tengo confianza; respeto a mis superiores y a mis becarios, pero no saldría al cine con todos. La confianza y el amor se ganan. Según yo, solo hay dos tipos de relaciones: las de pareja y el resto. Considero que las relaciones de pareja, por su intimidad, son especiales y deberían diferenciarse del resto (en una próxima columna ahondaré en este tema). Nótese que en el resto estoy poniendo mi relación con mis padres, con mis hermanos y con mis mejores amigos. Quizá, por esa vara tan alta, es que soy más picky con mis conexiones. Asimismo, no me desagrada la idea de quien tiene una relación con su dios. Al fin y al cabo, este ser supremo les provee paz, esperanza, refugio y amor. Incluso si nunca han hablado con él, los creyentes tienen una conexión espiritual más real con su Santo, que con otras personas cercanas.

En conclusión, desde mi filosofía, mis compañeros están mal. Pero debo agradecerle a Erick, un querido amigo de maestría, quien entrelineas me estaba dando una lección sobre lo peligrosos que son los absolutismos y las opiniones radicales (haya sido su intención o no). Un lazo no es cualquier cosa. De ser así, yo tendría una relación con todos mis lectores, aunque nunca sepa quiénes son, si me leen por gusto o por morbosidad, si creen en mi palabra o piensan muy distinto a mí. Lo único que nos une es, quizá, las ganas de reflexionar sobre la vida y sus complicaciones. Pero es un hilo tan frágil que cuando yo diga algo que te moleste o simplemente te aburra, esta “conexión” se habrá acabado.

Finalmente, una relación debe transmitir cariño, confianza y respeto. Se construye con el tiempo y los momentos compartidos. No es espontánea, su origen no proviene de la sangre ni del poder. Debe estar basada en la confianza y el amor. El miedo, el desinterés y el dolor no son componentes deseados en una relación (ojo ahí, relaciones tóxicas). Si estás de acuerdo conmigo, te invito a analizar internamente si tus relaciones cumplen con estos requisitos. Si no estás de acuerdo con lo que yo digo, por favor, deja tu opinión o contáctame, me gustaría dialogar con alguien que piensa diferente. Mientras tanto, en épocas pandémicas, cuiden y perdonen aquellas relaciones que están a dos del precipicio. Y que la distancia no sea una razón para la destrucción del amor.

Carlos Gómez H.

Editor de Opinión, La Catarina

carlos.gomezhz@udlap.mx

@carlosg_ze

Last modified: 11 noviembre, 2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *