Orquesta filarmónica 5 de mayo invitada para la clausura

Son diez para las siete. A la entrada del auditorio no hay ninguna fila, sólo algunos estudiantes y señores de edad que esperan a alguien en la fría oscuridad de una noche de enero.
Entras al primer piso del auditorio, un poco vacío y con los mejores lugares ya ocupados. Esta noche contamos con la distinguida presencia del rector Luis Ernesto Derbez, acompañado de la vicerrectora Cecilia Anaya y del maestro Fernando Lozano, director de la Orquesta Filarmónica 5 de Mayo –ésta, presente sobre el escenario–.
Después de unos minutos de animosa conversación –un poco gritada sobre los músicos ensayando y preparándose –Sergio Castro, director de la orquesta Symphonia, inicia la ceremonia del concierto de clausura para el curso de dirección orquestal, con unas palabras de agradecimiento, presentando a los músicos y finalmente introduciendo al primer director de la amena velada.
Los músicos afinan sus instrumentos y el sonido, seco como un trago de petit sirah, invade la pobre acústica del recinto con cien butacas ocupadas.
El desfile de directores comienza con un joven de apariencia nerviosa quien, al comenzar la pieza, transforma en una expresión dura como tallada en piedra salvo por una pequeña mueca que hace torciendo la boca ocasionalmente. Su sello personal de director.
Luego, un músico de la misma orquesta. Un alto y delgado violinista cuyo sello particular es rebotar sobre sus rodillas, al mismo tiempo que acentúa con los hombros. Con él, la orquesta suena algo atropellada, como si te encontraras en medio del tráfico matutino.
Después, un robusto director con frac de cola, da pequeños pasos como de vals sobre el atrio, mientras hace una especie de reverencia al dirigirse a las secciones de la orquesta con una pieza que te recuerda a la música que tocaba tu abuelita en su tornamesa.
Para continuar, una sinfonía de Sibelius bajo la batuta de dos contrastantes directoras; las primeras mujeres que ves dirigir una orquesta. La primera, una cubana vestida con un traje blanco, mueve sus manos de bailarina como acariciando el viento. La segunda, una jalisciense vestida con una blusa negra larga como cola de frac, dirige con mirada tan firme como sus brazos y acentúa la cabeza con la misma dureza.
Y finalmente, escuchamos «Cuadros de una exposición», de Modest Mussorgsky, a cargo de tres mozos directores provenientes del Distrito Federal y de Oaxaca quienes, a pesar de su juventud, demuestran seguridad y fuerza no solamente en los movimientos de la batuta sino en su mirada fuerte frente a los músicos e incluso en la osadía de uno de ellos al dirigir solamente con las manos.
MITZI MARTÍNEZ S,
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