Pareciera que los problemas sociales están de moda, todos pensamos en el otro, hablamos de salud mental y peor aún utilizamos estas teorías para intentar que los demás hagan cosas que nos beneficien. Qué horror que el pensar en los demás esté condicionado por mi querer.
Muchas veces, esto no viene de la maldad, viene de la inconsciencia, del no saber. ¡Pero claro! ¿Cómo vamos a saber si nadie nos lo dice?
Un caso concreto de esta situación es el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Mientras muchas mujeres de tacones abogan por los derechos de las que no tienen zapatos, muchos se convierten en espectadores que, al no querer juzgar todas las partes sin realmente haberlas escuchado primero, se congelan y deciden que no saben cómo ayudar.
Un estudio de la Universidad de Stanford sobre el “Efecto Espectador en Movimientos Sociales” de Darley y Latané (1968) explica que cuando un tema se vuelve altamente polarizante y crítico (como el 8M), el individuo promedio experimenta miedo al error social. Al no querer “juzgar sin escuchar”, la persona opta por la neutralidad pasiva para evitar represalias de cualquiera de los dos lados.
Para no congelarnos, y no ser parte —al menos este marzo— de la indiferencia hacia el Día de la Mujer, entrevistamos a Paris Maceda, presidenta de la organización estudiantil WIBSA (Women in Business Student Association), y a Dariana Romero, coordinadora de eventos del poder ejecutivo del Consejo Estudiantil.
Estas dos mujeres, además de formar parte de la organización de eventos en conmemoración del 8 de marzo en nuestra Institución, decidieron ir más allá del discurso y materializar la ayuda en una campaña de donación enfocada en la menstruación digna. Como explica Paris, la iniciativa surge de una preocupación concreta: “no es solamente por el mes de la mujer, sino es algo que todas transitamos y que se invisibiliza mucho… en otros municipios esto sí es una limitación y se ve todos los días, chicas ya no pueden ir a estudiar por estar en sus días”.
La campaña no nació desde la certeza, sino desde la intención. Dariana lo resume con honestidad: “no teníamos absolutamente nada… ni organización, no sabíamos cuándo ni cómo, pero dijimos sí… ¿qué podemos hacer que impacte? vamos viendo cómo le hacemos”. Esa decisión de actuar, incluso sin tener todo resuelto, es justamente lo que rompe con la pasividad del espectador.
El problema que buscan atender no es menor. Según mencionan en la entrevista, alrededor del 40% de las muejres no tienen acceso a productos adecuados, lo que convierte algo natural en una barrera estructural. Desde ahí, la campaña cobra sentido como acción concreta: “es un granito de arena que, si bien no resuelve todo el problema, permite que más mujeres puedan seguir con su día a día sin limitarse por algo tan natural como la menstruación” comentó Maceda.
Pero ayudar también implica cuestionar nuestras propias circunstancias. Dariana lo reconoce: “pensamos que, porque nosotras tenemos acceso, todas lo tienen, cuando claramente no”. Esta conciencia es clave, porque desplaza la ayuda desde la empatía hacia la responsabilidad compartida.
Otro aspecto fundamental es que la ayuda no se queda en la recolección de productos. La campaña incluye acompañamiento y educación: “vamos a hacer la entrega y también quieren dar talleres de menstruación digna… porque es algo que necesitamos ver, que no pasa solamente en este mes, sino cada 28 días”. Aquí, ayudar deja de ser un acto simbólico y se convierte en un proceso sostenido.
Además, la iniciativa también rompe con ideas preconcebidas sobre quién puede ayudar. Como menciona Paris: “no solamente nuestro colectivo como mujeres… todos podemos hacer nuestro granito de arena, desde un paquete de 18 pesos puedes estar ayudando”. Esto abre la puerta a la participación colectiva, incluyendo a quienes muchas veces se sienten ajenos o inseguros de cómo involucrarse.
Y quizás lo más importante: esta experiencia demuestra que ayudar no es solo tener la intención, sino construir en comunidad. “He aprendido que tiene que ser colectivo… tú puedes tener la mejor idea, pero si estás solo no sale” puntualizó Romero.
Al final, el verdadero cambio no está en el discurso del 8M, ni en la postura “correcta”, sino en lo que hacemos después de cuestionarnos. Porque como bien resume Dariana, lo más valioso no es el proceso visible, sino el impacto invisible: “lo más padre… es ver qué pasa después de tu donación… quién lo va a recibir, quién va a cambiar el mundo”.
Tal vez ayudar no es tan complicado como parece. Tal vez empieza justo ahí donde dejamos de pensar tanto… y empezamos a hacerlo.

Logo de Raíces y Voces, actividades primavera 2026 en relación al 8 de marzo. Raíces y Voces – 8M – desde la raíz alzamos la voz.
Gabriela Huitrón García,
Editora en Jefe
Fuente:
Hortensius, R., & de Gelder, B. (2018). From the bystander effect to bystander action: The role of the emotional brain in predicting helping behaviour. Evolutionary Human Sciences, 34(1), 1-15. doi.org