“Mi familia es muy católica”, “la sociedad que me rodea no lo va a entender”, “voy a perder a todos mis amigos” … Esos son obstáculos que nos atormentan haciéndonos creer que si salimos del clóset nos vamos a convertir en un «monstruo» al que todo mundo temerá y nadie se le acercará. Esas contradicciones, mis queridos amigos, quiero decirles que están solo en nuestra mente.
La idea de cruzar esa puerta para ser feliz es fenomenalmente aterradora. Yo pasé por un sinfín de procesos para salir del clóset. Primero, conmigo mismo: aceptar quién soy y abrazar mi preferencia sexual, para después tomarla como orgullo hacia mi persona. No fue nada fácil, pero todo mejora. Después con mi familia y, al final, la más difícil para mí: mis amigos.
A nuestra edad perder a nuestros amigos es mucho más difícil que esperar la aceptación de la familia. Uno de mis amigos de la universidad me contó que se la pasaba muy mal conviviendo con sus roomies porque tenía miedo de contarles sobre su preferencia sexual; se obligaba a actuar diferente frente a ellos. Esto lo convirtió en una persona más introvertida y con muchas convicciones en contra de su persona. No fue hasta el momento de sincerarse consigo mismo, y con sus compañeros de suite, que se sintió completamente seguro de sí mismo; como si se quitara un peso de encima.
Mi consejo para esta situación simplemente fue decirle: “tú no te vas a convertir en otra persona porque te gusten los hombres, ellos te van a entender y aceptar”. La convivencia no cambió, incluso mejoró, porque sus roomies sintieron que tuvo la confianza y valentía de decirles lo que tanto lo acomplejaba; decidieron ayudarlo a sentirse más cómodo, tratándolo como siempre lo habían tratado.
Si tú decides salir del clóset diciendo “soy gay, pero me da miedo”, internamente estás comunicando que ser gay está mal, que debería dar miedo, y no es así. Curiosamente me he dado cuenta que cuando estás completamente fuera del clóset, viviendo abiertamente tu preferencia sexual, la gente se acerca para felicitarte por tu valentía; cosa con la que encuentro un conflicto porque es como decir “qué valiente eres, viviendo con tantos prejuicios”.
Quiero decirles que no me encontraría escribiéndoles esta columna si no hubiera decidido aceptarme. Salir del clóset te convierte en una mejor versión de ti, porque, al final de todo, la idea del clóset existe por los peores de los motivos. Son moralinos, compromisos y convicciones, al igual que quedarnos dentro del clóset es auto discriminación.
Con el tiempo decir que soy gay se convirtió en mi poder, todos somos activistas al momento en el que decidimos decir “sí soy gay, ¿y qué?”.
Al final de todo, es tú decisión quedarte adentro o fuera del clóset, solo que vivir fuera es vivir feliz. ¿Tú qué prefieres?
Ángel Alfonso León