MEXICANO VS MEXICANO

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La envidia corroe, y en México, un país donde el rencor –malinchista y fraguado desde la conquista española- más bien enferma, la noticia de que Javier Hernández Balcázar, mejor conocido como Chicharito, el actual nueve revulsivo del Real Madrid Club de Fútbol, casi arrasa a la sociedad futbolera y villamelón. Sí: los mexicanos, merengues y azulgranas, despreocupados deportivamente, fanáticos del balompié, amas de casa, empresarios y desempleados, dieron la espalda al paisano y escupieron cubetas de veneno. “El ‘Chícharo’ no merece estar en un equipo como ese…”, advirtieron.

Sírvase de este particular ejemplo para desarrollar una catarsis contemporánea como la desolidarización mexicana. Un tema casi tan profundo como la corrupción.

El meollo de mi conflicto existencial no se agarra de hilos futboleros. Es decir, si Chichagol, como también lo llaman, es bueno o malo, y si sus números incentivan confianza o desasosiego en la hinchada, es algo superficial. En cambio, fijar preocupación en cuanto a la apatía nacional ante un mexicano que parece triunfar siendo o no una estrella, apunta a la justificación del contexto crispado en el que cohabitamos.

¿Cómo crecer como país cuando no creemos en el otro? ¿De qué manera levantar manos en son de queja a los políticos de un partido porque en los curules no quieren ponerse de acuerdo con otras militancias si los civiles tampoco nos apoyamos? ¿Cuál es la fórmula para creer en México?

Es abrumador, por un lado, darnos cuenta de que, según un ranking publicado en 2013 por el Foro Económico Mundial, México es uno de los veinte países –de un total de 140- más amigables con los turistas. El primero de América Latina. Si eres americano o europeo, ya puedes ir buscando paquetes para vacacionar en territorio nacional…

En contraparte, México no está dentro de los diez países más patrióticos según Forbes. Estados Unidos encabeza la lista. Y entonces, el mexicano agacha la cabeza y acepta: “Los gringos son unos chingones”. También Venezuela y Chile entran dentro del top ten.

Salen a la luz severos cuestionamientos. No sé si será única responsabilidad de quienes gobiernan la ruptura social y la antipatía patriótica.

«Si los políticos ven por sus propios intereses ¿la sociedad está exenta de ese innegable egoísmo?»

 

WILLY BUDIB H.

guillermo.budibhe@udlap.mx