Mudanzas y transiciones: reseña de BOYHOOD

PopcornMorbo es la palabra que usaría para describir el gancho de Boyhood, la nueva cinta de Richard Linklater. Es un rodaje de 12 años: ver a las mismas personas, literalmente, durante casi tres horas madurar física y mentalmente. Sin duda es un recurso fetiche muy viable.

La película narra la historia de Mason, un niño común de Texas, que vive con su madre y su hermana. El tema no tiene nada que ver (al menos no de manera directa) con la transición niño-adulto. No va de la inocencia, cambios hormonales o primeras relaciones íntimas. La vida y sus cambios en general, de cualquier persona, son el argumento del que hace gala Linklater.

No es pretenciosa ni convencional. Uno esperaría ver un magna drama adolescente, pero la verdad es que la historia es más sencilla de lo que parece. Cuestiones simples: relaciones fraternales comunes, conversaciones padre-hijo incómodas, pero muy bien planteadas.

Aunque sí, algo sobrevalorada (no por ello correctamente), Boyhood más que hacerte reflexionar, te hace pensar, mostrándote una realidad más objetiva que casi logra evitar caer en esa “búsqueda de la catarsis” tan hollywoodense.

David TrujiLLo D.
david.trujillods@udlap.mx