EL LEGADO DE VOLDEMORT

cafeina-01 todos tenemos un “voldemort” en nuestra historia

Le tengo pánico a los rencuentros casi tanto como a las despedidas. Creo en la teoría de que las personas que se van se llevan consigo una parte de nosotros y viceversa; Lo que me asusta no es el individuo en cuestión, sino el recuerdo de acciones, llamadas o mensajes con un alto grado de pérdida de dignidad que hice y prefiero olvidar. Lo que me asusta es enfrentar a la Fernanda Soria del “pasado”. Al recuerdo de mí y mis patadas de ahogado por miedo a que me dijeran adiós.

En la Preparatoria tuve un novio al que bauticé como Voldemort: “El que no debe ser nombrado”. Tenía más vidas que un gato y según le diera la gana él iba y venía en mi vida, el bato simplemente no moría (en sentido figurado) y tuvieron que pasar tres años antes que yo entendiera: él no iba a cambiar, que no me quería y que entre sus planes no estaba quedarse pero si regresar.

Todos tenemos un “Voldemort” en nuestra historia. Mucho del miedo de mis rencuentros con el pasado se debe a tan respetable personaje, sino lo veía en el antro en compañía de un espécimen femenino no reconocido, me lo encontraba en cualquier otro lado con la novia en turno y no serle suficiente me dolía, me dolía mucho.

De alguna manera yo acepté el rol de la “espera”. Él siempre regresaba con el corazón roto y cuando eso pasaba, yo estaba lista para curarlo, creyendo que “aguantando vara” tarde o temprano él iba a quedarse conmigo. Eso nunca pasó.

Con el tiempo yo también me cansé y aunque perdí la cuenta de cuantas veces violé mi promesa de “ahora sí, se le acabó su pendeja”, cuando tome la decisión final e irrevocable de cerrar ese capítulo aprendí una cosa: no sé qué sea el amor, pero en definitiva eso no lo era… y yo, yo soy suficiente.

La vida me enseñó que la Fernanda del pasado también supo tomar buenas decisiones: empezando por darme otra oportunidad. De haberme quedado esperando un milagro nunca hubiera sabido que lo mejor de mi vida me esperaba en la esquina y aunque eso tampoco sobrevivió… por primera vez es alguien que me hizo feliz reencontrar.

FERNANDA SORIA C.

maria.soriacs@udlap.mx