Platicando con varias personas, parece ser que la percepción general es que las mujeres feministas tienen que actuar o verse de una cierta manera para serlo. Al
parecer todas somos “feas” -léase desarregladas-, dejamos que nos
crezca el pelo corporal, somos ruidosas, siempre asertivas, y en general, no femeninas. Claro que hay muchas mujeres que encajan en este estereotipo, o por lo menos cumplen alguno de estos “requisitos”, pero la verdad es que no es necesario para considerarte feminista.
No lo tomen a mal, la decisión de no querer depilarse es personal, así como maquillarse o no, lo es también. Dicho esto, parece importante recalcar que una de las cosas que nos motiva a ser feministas es esta libertad de escoger quiénes somos y qué queremos en la vida. Muchas mujeres encuentran empoderador escoger maquillarse, ponerse ropa bonita y actuar en general de forma femenina.
Ser feminista no se trata de despojarse de las cosas femeninas: puedo ser una mujer feminista y ser fan del maquillaje, de las joyas y de las boybands. Incluso decisiones personales como nuestra ocupación no debería descalificarnos automáticamente como no feministas: si una chica quisiera ser ama de casa -o cualquier rol típicamente asignado a las mujeres- debería estar bien visto, mientras sea una decisión tomada conscientemente y no por obligación o influencia de otros.
La esencia del feminismo es la lucha por la equidad de género y los estereotipos deberían quedar de lado, puesto que no aportan nada a la conversación. Nuestra decisión de ser femeninas, andróginas o “marimachas” no debería influir en qué tan en serio se nos toma al momento de argumentar por una causa. Lo que de verdad debería importarnos es la calidad de nuestros argumentos y si en realidad estamos luchando por desprogramarnos de pensamientos retrógradas
Rebeca Ruiz
rebeca.ruizml@udlap.mx
