El futon de pulgarcita

delaboca

Soy una persona a la que le gusta ir a acampar. La naturaleza y la aventura hacen que esta actividad sea diferente cada vez, incluso dormir en un «sleeping bag» se disfruta porque cuando regresas a casa tu cama se siente como la gloria… Créanme cuando les digo que en mi intercambio estoy acampando diario, en medio de la ciudad y a pesar de que mi departamento no tiene nada que ver con un campamento, el lugar donde duermo es casi igual.

A tan sólo unas horas de haber llegado a mi nuevo hogar, sabía lo que me esperaba en mi habitación, pero realmente no estaba preparada para mi futón. Éste es muy parecido a un sleeping bag porque se usa al nivel del suelo, sólo que no es para acampar y no tiene cierres. El futón vino a remplazar mi cama, pues a pesar de que en Asia existen los colchones, los futones por temas de practicidad, limpieza y espacio son preferidos por la gente.

La mañana siguiente fue interesante: al moverme dentro de mi futón podía escuchar a mi columna vertebral acomodarse y sentí estirarse a uno que otro músculo tensado de mi espalda. Esto me hizo reflexionar sobre la noche anterior –momentos antes de quedarme dormida– sobre cómo me sentía: un gigante intentando descansar en la cama de Pulgarcita. Mi edredón resultó ser demasiado corto para cubrirme completamente, sólo alcanzó a taparme los pies y un poco más de media espalda. Dormí doblada porque si me estiraba mis pies se salían del futón y recordando todo eso mientras despertaba por completo, me di cuenta de que realmente había pasado mi primera noche en Japón.

A un mes de estar «acampando» en mi departamento puedo decir que en verdad los futones son buenos para tu cuerpo, se descansa muy bien y dormir boca arriba toda la noche es cómodo, pero si logras hacerlo de costado y despiertas descansado, entonces puedes decir que ya tienes dominado al futón. ¿Qué dices, te animarías a «acampar» en Japón?

ANDREA CINTA S.

andrea.cintasz@udlap.mx