Hace unas semanas me encontré en una clase maravillosa, en la que se habló de cómo funcionaba la sociedad cuando inició el cristianismo, en Roma, y qué implicaciones tiene este suceso hoy en día. Dentro del coto, el cómo las personas ejercen su sexualidad se hizo un lugar (desde que la mujer es el pecado capital y que Magdalena fuera tachada de prostituta y no como la pareja de Jesús, por ejemplo). Salieron distintas posturas, desde la mujer que saca el anillo que le dará a la persona con la que se case, hasta el que decía que por qué uno no puede acostarse con cualquiera y ya.
Yo me ponía a pensar en cómo algo tan simple como de qué manera quiere cada persona ejercer su sexualidad, ha sido tan polémico a lo largo de la historia: desde con quién quieres tener sexo (conocido o no, de tu mismo género o de alguno otro, etc); que si una persona (especialmente si es mujer) decide tener relaciones sexuales con varias personas sin entablar una relación, shame; que si sextinguea, shame. Y así n veces. Y luego, por equis o ye razón, llega a mi mente la relación de Colegios Residenciales (o la Universidad) con el tema.
Quienes hayan leído el reglamento de estos lugares a los que llegas a vivir cuando no encontraste roomie o departamento o porque tus papás creen que ahí no probarás todas las delicias del alcohol, de la 14, que no toparás con todos los tipos de drogas habidos y por haber y que no tendrás contacto con los genitales de nadie, encontrarán aspectos muy interesantes. Primero, en las cláusulas de visitas: no puedes recibir ninguna después de las once y, si van a pernoctar en tu suite, no pueden ser del género opuesto. Segundo: entre las prohibiciones, “mantener intimidad sexual de cualquier tipo” se presenta como una joya de la literatura moderna.
Desde mi punto de vista, los objetivos de la Universidad con esta normativa son estos: dar una linda imagen a los verdaderos clientes de colegios residenciales: los padres, personas que quieren que la virginal existencia de sus progenie se mantenga intacta hasta, bueno, no sé ellos; y evitar a toda costa los embarazos no deseados. En fin, los objetivos que el centro derecha y la derecha pueden tener.
¿Qué cree la UDLAP, entonces? ¿Que el sexo solo ocurre de noche? ¿Cree la Universidad que todo el sexo es heterosexual? ¿Cree la universidad que el sexo está mal? Creo que esta política debe replantearse. Lo único que prohibir el sexo logra, es que que la gente lo haga más (porque lo hace), para empezar, de día, como un acto clandestino, o fuera de los colegios. Esta prohibición no evita los embarazos, puede hasta propiciarlos. Pero, claro, es más barato y se vende mejor decir “no”, que pensar en una política más liberal de educación sexual.
El libre ejercicio de la sexualidad es un derecho de todos. En Colegios Residenciales, todos (o casi todos) los que habitan son mayores de edad. ¿Por qué un mayor de edad no va a poder ejercer su derecho en el lugar al que le dicen su casa? El discurso prohibicionista es una estrategia obsoleta: pretende anular una práctica básica del ser humano –sobre todo en la universidad– en lugar de protegerla. Creo fervientemente que la Universidad, en lugar de esto, debería generar información para que se realice con seguridad y libertad, porque el que busca encuentra –nos consta–, y mejor que lo haga enterado y sin el riesgo de que lo corran de su casa.
Eric H. Cetina Karsten
eric.cetinakn@udlap.mx
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