
Sofofilia
Hace una semana me encontraba en una cena con compañeros de diferentes carreras y de pronto, la discusión comenzó a girar en torno a la última película de Martin Scorsese: The Wolf of Wall Street. Yo no la había visto, pero algunos de los comentarios me dejaron intrigada: “el ritmo cinematográfico es como un pasón de cocaína”, “es una alegoría acerca del dinero como religión”, “en parte se podía interpretar como una etapa de la evolución humana: el más fuerte gana”.
El sábado fui al cine y creo que todos los comentarios que oí tienen algo de cierto. Sin embargo, hay una escena que se me hizo fantástica: Jordan Belfort en frente de todos los corredores de bolsa de su empresa dando un discurso acerca del dinero y de cómo vender acciones de la firma del diseñador de calzado Steve Madden.
La escena me gustó; no sólo por el guion sino por la reacción de la audiencia dentro del cine. Mientras Belfort habla, sus corredores de bolsa se comportan de manera casi animalesca, casi en una especie de trance. La sala del cine estaba llena y prácticamente todos reían a carcajadas. El conjunto fue impresionante: Belfort diciendo que no hay nobleza en la pobreza, que siempre escoge ser rico; sus empleados gritando y los espectadores riendo.
Me atrevo a llegar a la conclusión de que todos amamos el placer. Esta exacerbación por la pasión al dinero se resume en que siempre hemos sido hedonistas, sólo que nos da algo de vergüenza aceptarlo. Sobre todo en una sociedad en donde la mayor parte de las personas son católicas: deberíamos estar sufriendo, no utilizando el dinero como afrodisíaco psicotrópico.
En la misma cena en donde oí buenos comentarios sobre El lobo de Wall Street, también cierto compañero de Artes Plásticas declaró: <<a lo mejor es que el arte ya no piensa en “lo que debo hacer”, sino en “lo que puedo hacer”>>. El límite de la ética entonces se borra, y se podría decir que ya no tiene ejes fijos; lo cual se me hace particularmente interesante dentro de una película como la de Scorsese. No necesitamos películas que acaben bien y con moraleja: Belfort termina indemne.
Tal vez algún día podremos aceptar sin tapujos que nos gusta, que nos vuelve locos el dinero y el placer que con él podemos alcanzar. El mundo seguro está cambiando: ahora hasta la revista Rolling Stone dedica portadas al papa Francisco. Estamos en un mundo bipolar, la mayoría de nuestras reacciones respecto al dinero lo son: ¡acabemos con la pobreza! Ah, pero primero… disfrutemos un poco. ¿Gustan?
Jennifer Mc Namara