Entrevista a dos profesores sobre habilidades lecto-escriturales
Es común escuchar entre los profesores la sentencia: “los alumnos escriben terrible”. Dicha afirmación fue discutida por la Catarina con dos profesores del Departamento de Letras, Humanidades e Historia del arte: Martín Sánchez Camargo, jefe del área de primera Lengua y Laurence Le Bouhellec Guyomar, jefa de la carrera de Historia del arte.

De acuerdo con Sánchez, los estudiantes escriben y leen más que nunca; sin embargo, no respetan las convenciones gramaticales. “Lo cierto es que sí escriben bastante: un tweet es un mensaje corto con una idea esencial y muchos lo redactan; los estudiantes exploran páginas que los profesores a veces desconocemos” declara el docente.
Él acepta que el alumnado a veces no escribe ni lee lo que el profesor requiere, y por eso recalca que es labor de los maestros orientar al estudiante para que escriba textos cercanos a la realidad escolar. Además, el profesor debe estar consciente de que se debe trazar un puente entre lo tecnológico y los procesos de redacción.
Las herramientas tecnológicas no sólo son para la vida virtual, sino para expresar más y mejor el pensamiento: “El corrector de Word, por ejemplo, es un recurso fenomenal; sin embargo, el estudiante debe aprender que Word también se equivoca.” comenta Sánchez. Él piensa que no se trata de un problema de faltas ortográficas, sino más bien, de estructura del pensamiento.
Por su parte, le Bouhellec —quien lleva laborando 27 años en la institución— expresa que ahora corrige más faltas de ortografía que antes, a pesar de que los trabajos actuales pasan por un corrector automático.

Ella no culpa a la tecnología. Se refirió a un artículo de la OCDE sobre la educación en México, país que se encuentra en los últimos lugares de la lista; países con grandes avances tecnológicos como Japón, Suecia o Corea del sur están en los primeros lugares.
La profesora expresa que el vocabulario actual del estudiante es mucho menor y en varias ocasiones, el estudiante no entiende el sentido exacto de las palabras que utiliza. “Cuando dejo ensayos, en teoría el estudiante puede revisar diccionarios, pero aun así veo palabras inexactas. Muchas veces me pregunto qué quiso decir” comenta Le Bouhellec.
De acuerdo con ella, es una cuestión de hábitos. “Más allá de la mala preparación que hay por parte de los estudiantes, existe una falta de interés en las disciplinas que estudian”. La profesora reafirmó que el problema se debe a la falta de lectura: “La lectura hace que manejemos mejor la información; nos podemos dar cuenta de que el campo de los discursos es heterogéneo. No deja de sorprenderme que utilicen sitios como rincón del vago para plagiar: no discriminan fuentes de información”.
A su vez, Sánchez piensa que las disciplinas no son colecciones de datos, sino procesos complejos que requieren la identificación de discursos. El estudiante debe aprender a manejar la información.
Ambos profesores concuerdan en algo: el problema de la escritura va mucho más allá de las aulas. Sánchez está convencido de que detrás de un texto hay creencias, propósitos velados e intenciones, por lo que hay que tomarlo en serio. Le Bouhellec, por su parte, dice que todo es una “cadena de consecuencias”: “El proceso de cambiar hábitos es uno de larga duración, y el de la lectura repercute en la memoria, algo que puede ser muy peligroso” puntualizó la profesora.
Jennifer Mc Namara