Si bien este es un tema que usualmente comenta mi estimado amigo Rubén Alvarez, en las últimas semanas he tenido la maravillosa oportunidad de poder leer acerca de la felicidad, ya que está relacionada con mi tema de tesis.
Aunque la felicidad como tema de estudio en su relación con el gobierno y la administración pública es relativamente nuevo, existen grandes críticos hacia este tipo de análisis, pero como escribió Derek Bok: “si existe una debilidad en la investigación sobre la felicidad, es que es un tema relativamente nuevo”.[1]
En esta ocasión aprovecharé el espacio para argumentar por qué la legalización del matrimonio igualitario generaría una gran felicidad a la sociedad.
Según un estudio realizado por Ronald Inglehart, en el que se cruzan datos para tratar de descubrir los nexos causales entre la democracia y la felicidad, se ha encontrado que el respeto a la homosexualidad y el apoyo a la equidad de género, generan felicidad sin importar el crecimiento económico del país.[2]
De acuerdo con Bok, la función de los legisladores es procurar el bienestar social de aquellos a quienes representan, sin poner sus valores personales de por medio. Esto significaría que si ponemos la felicidad como uno de las mayores metas de cualquier individuo, es lo que los representantes deberían de buscar.
Partiendo de lo anterior, dado que ya se comprobó que la tolerancia genera una mayor felicidad en una sociedad en su conjunto, y que los representantes deben buscar nuestra felicidad, lo único que queda es la conclusión: los legisladores deberían de promover y aprobar leyes que vayan en pro de la igualdad entre todas las personas que vivimos en el país. Por un lado, garantizaría los derechos fundamentales de quienes hoy no los tienen y por el otro ayudaría a que viviéramos en un país más feliz.
José Antonio Ballesteros Figueroa
antonio.ballesterosfa@udlap.mx
[1] Bok, Derek, The politics of Happiness: What government can learn from the new research on well-being. p.40, Princenton University Press, 2010.