Tejedores de juicio

Sofofilia

Caricatura por: Alejandra Arroyo
Caricatura por: Alejandra Arroyo

Uno aprende cosas en distintos momentos de su vida. Quizá lo ideal sería que aprendiéramos diariamente, pero lo más probable es que haya etapas que uno recuerda más por lo que se le queda en la cabeza.

Estudiar Humanidades me ha dejado una cosa clarísima: todo se puede criticar, todo es analizable y cuestionable. Para algunos esta actitud podría parecer de “pesimista aguafiesta”; sobre todo cuando vivimos en una sociedad que cuenta con miles de mensajes inspiracionales todos los días —basta con navegar un rato en la red social de su preferencia—; sin embargo, no creo que una buena dosis de cuestionamiento haga mal a nadie.

Justamente la semana pasada entrevisté a una profesora del área de Humanidades. Ella cree que el vocabulario que conocemos y adoptamos es muy importante. Aun cuando normalmente pareciera, en nuestra vida diaria, que las palabras son algo banal. Algo que se usa y punto. Pero, ¿bajo qué condiciones en un diccionario encontramos la palabra “bello” como antónimo de “feo”? Muchas veces, el sentido de una palabra es arbitrario, no siempre hay consenso.

Bajo esa premisa, sería interesante preguntarnos qué entendemos por “amor”, “inteligencia”, “justicia” y cualquier palabra cuyo significado asumimos sin discutirlo mucho. Por ejemplo, haga usted el ejercicio, estimado lector: lea las columnas de aquí alrededor. Sí, sí, la del señor Betancourt o Soria: ¡es más! La mía propia. ¿Cuántas de todas las palabras escritas asumen un significado sin cuestionarlo? Casi todas. Claro, sería una locura criticar todas las palabras que usamos a cada momento; sin embargo, creo que habría que pensar dos veces nuestras usuales categorizaciones y obviar el sentido de una palabra.

Porque es muy fácil decir que “el crimen está mal”. ¿Qué es un crimen? ¿Y mal?, ¿qué es el mal? Los límites de una palabra son bastante difusos: podríamos considerar que asesinar es malo, ¿pero también ser homosexual lo es? Y si así pensáramos, ¿qué implicaciones hay de que tachemos una preferencia sexual con un adjetivo tan poco estable?

Todas las personas nos comunicamos de alguna manera. Pero creemos que la comunicación es un acto tan natural que dejamos de cuestionar el código que usamos para hacer llegar un mensaje. La verdad, pienso que nunca hay que dar algo por hecho. Los malentendidos pueden ser gravísimos. ¿Gravísimos? ¿Qué es algo “grave”? Sólo usted dirá.

Jennifer Mc Namara

jennifer.mcnamarags@udlap.mx