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Sofofilia

Caricatura por: Alejandra Arroyo
Caricatura por: Alejandra Arroyo

Hablar acerca de la lectura siempre se me ha hecho algo tedioso. Para mi mala suerte, justamente esta semana tuve dos episodios en los que me pidieron defenderla, de la manera que no me gusta: como si tuviera que ser un hábito parecido al ejercicio, en el que con 30 minutos cerca de un libro, la persona que lee mágicamente se vuelve inteligente y “culta” (ya he hablado acerca de la cultura en otras ocasiones).

Es fácil desentendernos del problema de la falta de lectura: “es que es un hábito que se debe inculcar desde que uno es pequeño.” Yo no lo creo. Bajo ese argumento, jamás vamos a solucionar algo: ¿cómo pretendemos enseñarle a un niño a leer (y comprender, ahí se pone más divertido) si nosotros no lo hacemos?

Sí, sí. Somos víctimas del sistema: a nosotros, pobrecitos, no nos entendieron y nos pusieron a leer El Cantar del mío Cid en secundaria. Estoy de acuerdo en que algunos de los libros escogidos para invitar a la lectura a los jóvenes no fueron los adecuados.

A estas alturas, eso ya no es un pretexto, por distintas razones: En primer lugar, hay variedad para diferentes gustos. Normalmente, una vez que la persona encuentra un ejemplar de su agrado, es fácil continuar leyendo otros libros, e incluso, con el suficiente tiempo, podrá cambiar el género de sus lecturas. Que El monje que vendió su Ferrari y Paulo Coehlo no son lo mejor que se ha escrito… probablemente no, pero si alguien empezó por ahí, siempre hay oportunidades para enfrentarse a otros géneros.

En segundo lugar, al menos en esta universidad, sería una tontería quejarse del precio de los libros. Pero incluso para aquéllos que cuidan mucho sus bolsillos, en la mayor parte de las librerías siempre hay una sección de ejemplares baratos: sólo hay que buscar ediciones con un diseño agradable (por esos traumados por el puntaje 9 a cuatro columnas).

Y en tercer lugar, siempre hay tiempo para leer. Yo no digo que 20 minutos al día como si fuera manda; es como si ahora recomendáramos contemplar o participar en obras artísticas 10 minutos al día o ver una película distinta cada semana. Si lo suyo no es leer novel: hay cuentos, ensayos, poesía que no consumen demasiado tiempo.

Total, después de estos consejos, leer ¿cómo para qué? Hay diferentes razones, algunas románticas, otras prácticas. Prácticas: adquieres mayor vocabulario; si lees bien, la capacidad de análisis aumenta; será más fácil comprender otras lecturas a lo largo de la carrera. Románticas: porque de alguna manera conoces otros tipos de pensamiento, y creo, todavía más interesante: te conoces más a ti mismo y terminarás preguntándote cosas que jamás habías pensado.

Jennifer Mc Namara

Jennifer.mcnamarags@udlap.mx