INCONGRUENCIAS

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Cada vez que entro a la Universidad en bicicleta tengo que pasar por un registro: nombre, ID de estudiante y el tipo, color e ID del vehículo. Hay que frenar en seco para darle los datos al poli en turno. Todo esto es necesario para que si alguien ajeno a mi se lleva la bici puedan tener registro de quién fue. En cambio, si accediera en auto, sólo tendría que enseñar mi credencial y pagar mi boleto. ¡Claro! -podemos pensar-, es más difícil robarse un coche, pero aun así el registro ciclista de entrada es completamente obsoleto.

Por un lado me obligan a amarrar mi bici con candado o, si no -otra vez los pobres polis- la asegurarán por mi y no podré llevármela sin que confirmen que el ID de la bici coincide con mi ID. En este caso el registro funciona. Pero si alguien logró sacar mi bici del campus; en primera, nunca daría sus verdaderos datos, sino unos ficticios, por lo que el registro no solo es inútil, sino absurdo. Y en segunda, el poli que tiene los datos de salida no tiene los de entrada, por lo tanto el robo no seria obvio hasta el momento del reclamo del propietario. Y si regresamos al primer punto frente al reclamo del propietario solo habría un registro ficticio y nula devolución.

Más absurdos: cada año los estudiantes se quejan de la falta de estacionamientos para automóviles, pero no por eso deciden cambiar su modo de transporte. La Universidad se queja de que no puede crear más estacionamientos, pero tampoco busca impulsar el uso de bicicletas, e incluso entorpece el uso de éstas –véase el párrafo anterior-. Al presentarle a la Universidad que el sistema de registro es obsoleto obtuve la respuesta de que así era y no veían el problema. En este caso, ¿de qué sirve que yo me queje con la Uni? ¿De qué sirve que los alumnos se quejen de la falta de estacionamientos y la Universidad del exceso de autos?

 

REBECA MORA CELIS

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