DEMOCRACIA SUPERFICIAL

canasta-01

Hay que empezar reconociéndolo: los politécnicos ganaron la batalla –pero no la guerra–. Bajo un régimen neoliberal, con rostro enmascarado de jovialidad, el PRI de hoy aún sufre de pánico cuando de manifestaciones se trata. Y es que parte de su colototota se arrastra gracias a sus decisiones del pasado. Es paradójico, pero resulta que en un sistema democrático, de vox populli, los revoltosos de voz fuerte, al priísta de cepa siguen sin gustarle ni tantito.

Por eso han invertido tanto en imagen mediática. Por eso la apuesta a spots con toques melodramáticos como avances de lo que pasará en los siguientes capítulos de tal o cual telenovela. De ahí la decisión de vender espectáculo. Y con un background tan conocido uno esperaría que su truco de magia ya no impresionara. Pero sí que sigue dejando boquiabiertos.

El maquillista y vestuarista le dice a Osorio Chong: “¡Anda! Sal a escena casual y relajado (…) casi como si te hubieran tomado por sorpresa”. El secretario de Gobernación cuestiona dudoso: “¿Así o me desfajo la camisa?”. Entonces, el profesional en imagen argumenta: “¡No! Eso ya es muy atrevido”. Minutos más tarde, Osorio Chong sube al templete, se luce entre palabras chidas y escasa escolta, y el pueblo de México vuelve a caer en la estafa.

Es puritita verdad que lo que se consiguió, posterior a la pasarela “Otoño/Invierno Chong”, es oro molido. También es cierto que –hago la señal de la cruz y beso mis dedos– puntos petitorios coyunturales como la cancelación del reglamento interno y de las modificaciones a los planes de estudio fueron atendidos de inmediato. Eso ya es una daga en el corazón de una estructura política acostumbrada a decidir sin preguntar.

Pero temo que lo conseguido aún quede chico y no prospere en cuanto a principios democráticos. El PRI de hoy sabe vender y resolver su malestar estomacal con actos televisivos. La resolución del viernes 3 de octubre evita, a toda costa, tocar temas de representatividad, y aunque lo de Osorio Chong sea histórico en cuanto a forma, su ofrecimiento flaquea de superficialidad sin atacar el fondo de la protesta: “Queremos calidad educativa… pero también injerencia”, parecen gritar los jóvenes.

¿Cuál es el papel del estudiante respecto a las decisiones del IPN? ¿Dónde queda su participación? ¿Qué instancias se seguirán para la elección del nuevo director? ¿Qué modificaciones se harán en cuanto al régimen politécnico? La democratización es la guerra.

 

WILLY BUDIB H.

guillermo.budibhe@udlap.mx