A menudo se escucha: “México tiene todo para salir adelante, pero no lo logra”. Esa frase que nos hace sentir incómodos en la búsqueda de un mejor futuro para el país; otros dicen, “México está lleno de personas buenas, trabajadoras…”, sin embargo, la realidad muestra que la gente buena solo es una parte de la población, la otra puede ser tan mala que podría acabar con nuestra vida sin remordimiento.
Se ha marcado la historia de México con el velo rojo de la violencia. Estudiantes desaparecidos, probablemente por un Alcalde y Policías Municipales coludidos con el narcotráfico; una veintena de militares detenidos por fusilar a un grupo de jóvenes sin juicio; Policías Ministeriales disparando a una camioneta de universitarios en Guerrero; se declara semana violenta en el Estado de México con ocho muertos y dos cadáveres en las causes de un río. ¿Acaso son más los malos que quieren ver un México rojo, que los buenos que quieren un lugar de paz?
La actual situación de violencia se veía venir, aunque nadie puso énfasis en ello. Para noviembre de 2013,
Amnistía Internacional publicó un documento donde enfatizaba que la violencia en el país continuaba aumentando desde 2008 con 2 mil 126 casos de presunta desaparición, al menos 15 mil 921 cadáveres sin identificar, y la exhumación de más de mil 400 restos humanos de fosas comunes clandestinas. A este reporte se agregó información sobre el uso de pruebas falsas, tortura por parte de agentes de seguridad y desapariciones forzadas.
Para marzo del presente año, la Organización de Naciones Unidas (ONU) presentó 176 recomendaciones a México para preservar los derechos humanos dentro del territorio, de las cuales destacan abolir la práctica de “arraigo” por parte de la justicia mexicana y hacer un registro nacional de personas desaparecidas.
México contestó que se tomarían en cuenta las observaciones para un próximo plan nacional de derechos humanos. Para nuestro gobierno es más importante impulsar reformas estructurales, que resolver los problemas de inseguridad que afectan a la sociedad civil.
¿Cuándo podremos por fin vivir tranquilos, sin temor y sin violencia?, ¿En algún momento las instituciones de “orden” público respetarán los derechos humanos?
ALAN BETANCOURT T.
