La Charla con Carlos Mesa Gisbert

Escritor de 14 libros. Periodista durante más de 20 años. Padre de dos hijos. Cinéfilo consumado y futbolero. Luchador incansable de los derechos humanos. Sin una carrera política y sin un partido que lo amparara alcanzó la presidencia de Bolivia en 2003. Revela, y su mirada lo grita: no se arrepiente de nada, ni siquiera de haber renunciado a dirigir el destino de 10 millones de habitantes, no poca cosa. Él es Carlos Mesa Gisbert.
El hombre tras la banda presidencial
El expresidente de Bolivia espera al equipo de La Catarina de pie en la sala de juntas de rectoría, pequeña, íntima. Mientras extendemos la mano, una sonrisa espontánea cruza su rostro. Más allá del traje negro pulcrísimo hay un ser humano, cuyas difíciles decisiones todavía le cruzan por la mirada, sabia.
Tomamos asiento y empezamos la charla hablando de libros. En cuanto mencionamos su biblioteca, su rostro se vuelve a iluminar. La pregunta no puede esperar ¿qué escritor latinoamericano no le gusta? Su rostro ahora es serio y sin dudar, apuntando con los dedos índices, responde:
‒La pregunta implica una posición negativa en la que nunca he pensado. Es una cosa muy subjetiva. Te voy a poner un ejemplo: hace unos años leí Los Detectives Salvajes, de Roberto Bolaño, no me gustó para nada. Pocos meses después me regalaron otra novela suya, 2666. Quedé absolutamente enamorado. Eso demuestra que a veces te encuentras con la obra equivocada o con la sensibilidad personal que no sintoniza con un autor. ‒Se inclina hacia adelante y ríe, señalándose‒ Además, a mí no me gustaría estar en la lista de “escritores que nunca leería”.
Se acomoda en la silla y se rasca detrás de la cabeza, ve a las entrevistadoras con interés, esperando la siguiente cuestión. En cuanto preguntamos de nuevo, sus ojos se fijan firmes en las cámaras de video que montamos minutos antes de la sesión. Durante diecinueve años dirigió el programa de entrevistas “De Cerca”. Por momentos hace contacto visual con las lentes y por otros, con las reporteras.
El fundador de la Cinemateca boliviana habla del séptimo arte con lujo de detalles. Menciona varias películas que le encantan, como Yawar Mallku de Jorge Sanjinés, estrenada en 1966, misma que aborda la vida de una comunidad indígena. Y filmes más recientes como Yvy Maraey, de Juan Carlos Loaiza, director que también ha trabajado con actores mexicanos como Kate del Castillo y Demian Bichir.
Al fin llegamos a su tercer gran amor: el futbol. Admite que tiene dos vetas, por un lado es un fanático de distintos equipos, como el River Plate de Argentina. Nuestro camarógrafo se toma la libertad de saltar emocionado ante la declaración del político, pero se detiene de golpe cuando escucha que el equipo favorito español de Mesa Gisbert es el Real Madrid. “La verdad, mi madre también me desheredaría porque tengo ascendencia catalana, pero sería impensable que uno se cambie de equipo a mitad de la vida”. Por otro lado, el expresidente lleva un blog de la historia del futbol boliviano con su hijo, Borja Ignacio. “Hacer estadísticas de ese deporte me da un placer que funciona como un bálsamo”, declara con mirada aliviada, como si recordara todos los momentos que ha compartido con su hijo.
Aprovecha el futbol para hablar de la pasión: “La vida sin pasiones no tiene sentido. Una vida en la que a uno no se le mueve el pelo por nada no vale la pena ser vivida.”
Me desbautizo si mis hijos hacen eso
Mesa Gisbert es casi como una montaña rusa. Por momentos ríe y alza las manos y por otros se vuelve el político serio que cualquiera imaginaría.
– ¿Qué piensa acerca de que sus hijos no hayan seguido un camino político?
‒Me siento muy bien. Antes de ser presidente pensaba: me desbautizo si mis hijos no tienen un sentido de nación como el que yo tengo, pero después me di cuenta de que ése era el mejor camino posible: la libertad para que escogieran su propia lógica.
El también padre de familia tiene el coraje para dejar que sus hijos sean lo que quieran ser y no deja de alabarles sus logros, presume que su hija ya hace reportajes periodísticos sobre el mundo del diseño y que su hijo es arquitecto.
Sus hijos son jóvenes, él también lo fue. Habla de prácticamente la mejor década en su juventud: de los 13 a los 25. “Es la edad en la que descubres al mundo y estás dispuesto a comértelo porque no sabes que la muerte existe. Me acuerdo de los Beatles, del hombre llegando a la luna, de Janis Joplin y de los equipos de futbol que seguía a los 15 años. Y, por supuesto, del amor y la pasión. Los enamoramientos más intensos los tienes en ese momento. “
Sin preguntarlo, añade que hay una segunda etapa que recuerda hermosa: de los 35 a los 40, cuando con un grupo de periodistas y amigos construyeron empresas que iban más allá de las experiencias individuales. Todos los medios que usaron hablaban de Bolivia en su conjunto.
Luego de dejarse llevar retorna a la seriedad y expresa lo preocupante que le resulta el que los jóvenes consideren su juventud como una virtud: “A veces miran por encima del hombro a los de la tercera edad sin darse cuenta de que tendrán que vivir más adelante eso.”
¿Violencia?: ¡nunca!
Para Carlos Mesa Gisbert, el mejor momento de su vida fue llegar a la presidencia. “El mayor privilegio que uno puede tener cuando se tiene una conciencia de responsabilidad con la sociedad es el cargo presidencial”. Habla francamente, en ningún momento duda ni le tropieza la voz. Su dicción es casi perfecta, el acento prácticamente no se nota.
Cuando tiene que hablar de su renuncia, agacha la cabeza con una mueca en su rostro y se mira las manos, alza las cejas y vuelve a hablar de corrido. Aún duele, pero ve a la cámara sabiendo que tomó la mejor decisión.
La primera vez que quiso renunciar, el 6 de marzo de 2005, no lo dejaron, se le recuerdo y de inmediato ataja:
“El presidente de la oposición, Evo Morales, me bloqueó el país, tenía la convocatoria para hacerlo. Yo tenía dos posibilidades: o sacaba el ejército a las calles o le decía al señor Morales “no te voy a dar gusto”. La renuncia estaba pensada para decir que mi capacidad de persuasión mediante la paz y la palabra tiene que ganar, y ganó: el Congreso no aceptó mi decisión. No aproveché ese triunfo políticamente ni la aprobación de la ley de hidrocarburos. El 6 de junio presenté mi renuncia definitiva porque sabía que estaba en un círculo perverso. Mi renuncia definitiva fue una decisión ética para evitar muertos y heridos”.
Él no se ha dado cuenta, pero mientras relata lo ocurrido su voz se ha vuelto más firme, con ademanes expresivos, explicando todo detalladamente, viendo hacia el vacío, como si por su mirada pasaran las escenas de su vida presidencial. Como si estuviera ante todos los bolivianos diciéndoles el porqué de su actuar.
De nada se arrepiente. El expresidente expresa de corazón que fueron las circunstancias y el contexto lo que le llevó a actuar de tal o cual manera. “Aunque regresara el tiempo y tomara otra decisión, probablemente el camino sería el mismo. El efecto mariposa tiene sus límites”, asegura.
El país extraordinariamente intenso
Al final, luego de haber revelado lo más duro de su vida, vuelve a relajarse. Le preguntamos acerca de México y sus manos descansan otra vez sobre la mesa. Ve hacia el techo sonriendo y cuenta:
“Tengo el corazón atrapado por México. Un país extraordinariamente intenso del que ya me siento parte. No habría escrito un libro de la conquista de no ser por eso. Me gustan los mexicanos, su comida, su cultura. Definitivamente, si tuviera que escoger un país que no fuera Bolivia, sería México”.
El tiempo del expresidente está contado. Se levanta de la mesa y se despide de nosotros con un apretón de manos formal. Al final nuestra fotógrafa lo detiene en la puerta, lo hace posar y en cuanto le pide que se relaje, se quita el saco y se apoya con ambas manos en una silla. Sonríe de oreja a oreja. La cámara dibuja la imagen de un expresidente latinoamericano que renunció, y aunque han pasado nueve años de ello, sigue fresco en su memoria, misma que brilla por su rapidez y precisión para revivir su juventud y hablar de sus hijos, sus otros amores.
No tiene reparo en declararse futbolero, lector incansable y enamorado de México. La última foto no es la de un político, es la de un hombre valiente que siente, pero sobre todo, que se apasiona.
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| JENNIFER MC NAMARA G. jennifer.mcnamarags@udlap.mx |
MARA VILLACÍS D. mara.villacisda@udlap.mx |