Les haré una pregunta directa ¿a cuántas cosas, personas, situaciones y sentimientos viven aferrados?, ¿qué determina su felicidad?, y ¿sin qué o quién se les va la vida?
En agosto del 2011 tuve mi primera clase como universitaria. Salón CS104, Introducción a la Ciencia Política con Víctor Reynoso. Se levantó, nos dio la bienvenida y en su primera diapositiva vi por vez primera la oración de la serenidad: “Señor, concédeme la fuerza para cambiar las cosas que puedo cambiar, la paz para aceptar las que no puedo y la sabiduría para distinguir la diferencia”. En su momento, no voy a negar, que me pareció algo tonta. No supe lo que quería decirme entonces, ni en los siguientes cuatro semestres que tomé alguna clase con él. No pude entenderla, tal vez, hasta hoy.
Hace unas semanas asistí a un taller de codependencia. Para quien no esté familiarizado con el término, se define como: el ciclo de patrones de conducta y pensamientos disfuncionales, que producen dolor y se repiten de manera compulsiva, como respuesta a una relación enferma y alienante, con un adicto activo o en una situación de toxicidad relacional. En otras palabras: “si te vas, me mato”.
En el taller al que asistí me sorprendí por varias razones: todas eran universitarias, todas eran mujeres. Todas, desde afuera pareciese que tuvieran la vida perfecta, y en cada una de ellas reconocí una parte de mí.
Según la Fundación de Investigaciones Sociales se reconoce en los codependientes: la adicción al trabajo, al estudio, a la fiesta o al ejercicio, el afán por ser perfectos, por hacerlo todo y hacerlo bien, la autocrítica excesiva, el miedo al rechazo y la obsesión por conseguir el bienestar en los demás antes que el propio.
La verdad es que la codependencia es más común de lo que parece, yo viví 22 años sin saber que la tenía. Ser columnista, presidenta de la carrera, correr en las mañanas, dar asesorías, ser debatiente, la amiga responsable y la hermana mayor no era suficiente, siempre había tiempo para hacer más, para hacerlo mejor.
Y tú ¿a cuántos intentos de superman conoces?, ¿cuánto llevas siendo uno? A veces olvidamos ser felices por ser perfectos y si me lo preguntan no, no vale la pena.
María Fernanda Soria C.
maria.soriacs@udlap.mx