
Anne Eidsaa Hambre es una estudiante de Relaciones Internacionales nacida en Noruega. Estudió un año de intercambio en Oaxaca durante la preparatoria, y ahora comienza su segundo año como estudiante de la UDLAP. “A lo que más me he tenido que acostumbrar es al clima,” señala. Compara el clima poblano al verano noruego: “tuve que traerme toda la ropa de verano y dejar la de invierno.”
“Por la mañana, si me levanto temprano, salgo a correr,” dice Anne. Correr o ejercitarse puede no ser una costumbre muy arraigada en México; pero en Noruega, en cambio, explica Anne que cada vez más gente trata de ejercitarse. “Es sobretodo por las redes sociales. La gente ahora siente que es algo que tienen que hacer.”
Después, asiste a clases. Dos al día, puesto que cursa cinco materias; más de las que cursaría en Noruega. “Ahí hacemos cuatro clases al semestre, pero por bloques. Un mes una, y al siguiente la otra. Sólo hacemos una a la vez, y las clases son de asistencia libre” para ella, es más estricto el sistema UDLAP.
A la comida es a lo que ya se ha acostumbrado. “Nosotros comemos papa como acá comen tortilla”, reconoce. Ahora, le gusta añadir picante a sus comidas, especialmente chipotle. Come en la cafetería universitaria o en su casa, donde prepara comida “más normal,” a menos de que lo haga para su novio mexicano, con quien sale desde su intercambio en preparatoria. “La gente es mucho más conservadora en México”, percibe. “Aunque en Puebla la gente tiene mente más abierta que en el pueblito donde vivía en Oaxaca, había chismes en mi primer semestre”.
Por las noches le gusta salir, aunque comenta que la vida nocturna en Noruega es mucho más tranquila que en Cholula. “Aquí tienes que gritar en el bar para que te escuchen”.
De México resalta la calidez de su gente, más libres emocionalmente. De su experiencia se queda principalmente con una perspectiva más grande del mundo y mayor seguridad en sí misma, “ves que puedes hacer amigos donde sea.”
Sofía Marlasca C.