Durante el fin de semana platicaba con un familiar, quien me decía que no estaba en contra de las personas gay, pero que los hombres que usan tacones, esos, esos sí son maricones. ¿Qué significa esa declaración exactamente? ¿Está bien ser homosexual mientras se siga siendo macho? ¿O cómo?
Para mí la problemática, en este caso, no está en si la persona es homosexual o no, sino en los cuestionamientos género-normativos. En primera instancia hay que aclarar que el género es una construcción social, por lo tanto, la diferencia genital no tiene –al menos no debería- ningún peso sobre nuestra forma de actuar. En cambio la televisión y las críticas sociales son las que dictaminan cuáles son las características de comportamiento. Estas son las que nos encuadran en el alguno de los dos únicos géneros reconocidos: femenino o masculino. Esa idea de que hay juguetes para niños diferentes a los de niñas, es un ejemplo claro de esta construcción. Sin embargo, yo conozco a muchas niñas a las que les gustan más las pelotas que las Barbies, y que además les gusta más el futbol que a muchos niños. De igual forma ¿por qué es tan problemático que un hombre use tacones y no que una mujer se vista de pantalones y tennis? No estoy condenando la evolución de los derechos de las mujeres, más bien estoy apostando por un equilibrio para los dos.
Deberíamos apostar por una sociedad equitativa, donde más allá del género importen las capacidades de cada quién, donde se dividan las responsabilidades según éstas últimas. Más para superar obstáculos que para subyugar al otro, fortalecernos por nuestras fortalezas en vez de denigrar nuestras diferencias. Si como la teoría Queer lo expresa, fuéramos capaces de salirnos de la cárcel mental que creamos, para clasificarnos y le diéramos cabida a la variedad de todo tipo, no solo sexual, podríamos tener un crecimiento mucho más libre y creativo. Dispuestos a buscar mejorías por una diversificación aún mayor, si en vez de crear grupos e ideas hegemónicas tuviéramos un mundo conformado por personas, tal vez sería mucho más difícil abusar de una. Ver en ella una construcción total y completa del ser, podría llevarnos a no intentar exterminarnos mutuamente.
REBECA MORA C.