¡HOGAR, DULCE HOGAR!

canasta-01Una sesión fotográfica de La Gaviota para la revista ¡Hola! Pudo haberle encantado a la sociedad de alcurnia. Lo que partía en 2013 como una acción más del reality político encabezado por la pareja presidencial, presumiendo un maravilloso núcleo familiar, se convirtió en una pesadilla. La investigación, difundida por el portal Aristegui Noticias, va más allá del hecho de que la casa donde posó la exactriz esté o no a nombre de ella.

El país vive una profunda crisis social originada, en gran parte, por la cadena infinita de corrupción y colusión que ha sobrepasado los límites políticos. Periodistas, medios de información, el crimen organizado y empresarios, han incurrido en prácticas ilegales junto con servidores públicos que benefician a ambas partes.

La nula transparencia y la inmersión de sectores ajenos a la polaca, vuelven a ser factor en temas turbios: una residencia de 86 millones de pesos, de la que el presidente o su esposa parecían ser dueños es, sin embargo, es propiedad de una empresa perteneciente a Grupo Higa, compañía participante en la licitación derogada del Tren de Alta Velocidad de Querétaro y favorecida con contratos millonarios durante el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México. Que se revocara la concesión de la obra ferroviaria apenas tres días antes del destape del reportaje, se sujeta de un dicho: “No hagas cosas buenas que parezcan malas”. Y esta acción, al parecer, arroja conclusiones negativas.

Es tan normal para los ciudadanos oír que la familia de un gobernante ocupa una vivienda de 7 millones de dólares que las cantidades ya no desconciertan. En sintonía con esta “costumbre”, la Presidencia de la República, en automático, hace pública una respuesta concreta: “La casa pertenece a Angélica Rivera” -¡Ah chingá!-. Si así lo fuera, ¿no rebasa esa cifra cualquier posibilidad de compra de una anterior artista? En el supuesto de que el copetudo la haya puesto a nombre de su cónyuge, ¿no continúa siendo una suma exorbitante para un mandatario que gana 193 mil 478 pesos al mes? Si La Gaviota, como dicen, paga a plazos ese inmueble, ¿cuánto habrá tenido que ganar en los spots publicitarios del Edomex? Y como la primera dama no está obligada a presentar una declaración matrimonial, la salida fácil para encubrir el tema sugiere ser ella.

Sea como sea, la notica embona eslabones que corroboran la podredumbre política, viscosa y sustanciosa, que aqueja a la sociedad. Son prácticas ilícitas ramificadas en todos los escaños. Son cientos de políticos con patrimonios altísimos. Son convenios de complot empresa-gobernante donde “todo queda entre ellos” mediante impunidad compartida. Son parches que tapan engaños, saqueos y favoritismos. Parches que, en ocasiones, son más pequeños que la mierda que intentan esconder.

WILLY BUDIB H.

guillermo.budibhe@udlap.mx