Un día sin pierna

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Hace un año, el Departamento de Inclusión lanzó una campaña que retaba a los estudiantes a subir las escaleras del Centro Estudiantil sin ver, a pedir un café sin hablar, entre otras cosas. La idea de quitarse un sentido provocaría que la población estudiantil hiciera conciencia sobre lo difícil que es vivir con una discapacidad.

Sin embargo, hay elementos que preocuparían a cualquiera que quiera observar. En realidad, existe poco apoyo para las personas que tienen alguna dificultad motriz. Para muestra, sólo hay que buscar el mítico elevador de la biblioteca, mismo que se encuentra hasta el fondo del recinto. Estimado lector, le invito a que lo utilice imaginando que sólo tiene una pierna: el aparato es casi un montacargas muy complicado de usar para la persona que tenga alguna extremidad débil.

En este último mes, durante dos semanas el elevador de Humanidades estuvo descompuesto. Si hubiera algún discapacitado que necesitara subir al cuarto piso, tendría que pasar la tortura de usar las escaleras. Cada escalón podría doler un poco más: ¿clase cerca de la azotea? Un sinónimo de martirio.

Si uno pregunta a los estudiantes que rondan la Universidad, pocos podrían decir dónde está la oficina de Inclusión. Es curioso, porque si uno ve un mapa de la institución, ese departamento parecería estar retirado, justo  en la periferia, en vez de estar en el centro, incluido.

Oficialmente, solo hay tres alumnos con discapacidad motriz dentro de la Universidad. Sin embargo, existe gente que tiene accidentes y debe usar muletas o sillas de ruedas, mujeres embarazadas y visitantes con dificultades motrices. Es cierto, el número total debería ser representativo para tomar decisiones en cuanto a la infraestructura de la Universidad; pero también se pueden llevar a cabo acciones si los estudiantes se unen por esa causa.

Si ya se manifestaron por la desaparición de los 43 normalistas, cuando Guerrero queda a más de 250 kilómetros, seguro se podrá hacer algo por las problemáticas que afectan a la comunidad universitaria cercana. No sólo para pedirle cambios a la Universidad, sino para exigir un cambio de mentalidad en el estudiantado. El Oído en la pared lo invita a existir un día como si no tuviera pierna. Verá que no es tan fácil. Ni divertido.

 

Jennifer Mc Namara G.

jennifer.mcnamarags@udlap.mx