LA OLA DE REFORMAS PRESIDENCIALES QUE CAMBIA LA REALIDAD DE MÉXICO

Uno de los temas más polémicos el año pasado, fue sin duda la consolidación de las reformas constitucionales impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto, de la mano de la sinergia política llamada ‘Pacto Por México’, que orientó los esfuerzos de las bancadas de los tres Partidos nacionales más importantes en el Congreso, para su consolidación; sin embargo, aún quedan varias temáticas por analizar.

Primero, es oportuno familiarizarse con las reformas, lo cual puede parecer algo complicado sin ayuda, ya que son extensas, sin mencionar que abarcan temas bastante amplios.

Se reformaron: las relaciones laborales, la educación, el sistema financiero, las telecomunicaciones y la radiodifusión, la competencia económica, la industria energética, el régimen político y electoral, la transparencia, el sistema penal, la ley de amparo y la hacienda pública. Cada una de estas reformas contiene en sí misma la intención de cambiar la situación de estancamiento del país, al resolver problemas puntuales en diferentes temas. Pero, ¿son necesarias?

Desde la Catarina, consideramos que las reformas son como un arreglo a la ley, y este es un proceso que se tiene que votar en el Congreso. Existe controversia en el sentido de que son muchas y tienen alcances significativos. Dichos cambios en la legislación, son comparables a los propuestos por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, los cuales derivaron en el TLC; además de este, está claro que ninguno de los dos sexenios anteriores tuvo tanto impacto en la ley.

Al respecto, el Dr. Ricardo Tortolero, profesor de tiempo completo del Departamento de Leyes, explicó que “primero, se tiene que distinguir que hay distintas clases de leyes: partimos de que tenemos una ley general, la más fundamental, que es la Constitución, y ya de ahí se da la pauta a que se desarrollen muchas más leyes, pero son secundarias – leyes que lo que hacen es reglamentar a la Constitución – como, por ejemplo, la ley de telecomunicaciones, que tiene su fundamento en el art. 28 constitucional”.

Hemos escuchado hablar sobre dichas reformas como si fuesen más importantes, debido a que no se cambiaron leyes en concreto, sino que se modificó la Constitución, algo que en otras épocas se consideraba menos sencillo. La gran consecuencia de cambiar directamente nuestra Carta Magna, es que, consecuentemente, hará que cambien también otras leyes.

Pensando que estas reformas son constitucionales (o sea, que no son sólo cambios secundarios o complementarios, sino que tocan la firma más elemental del derecho mexicano), podemos inferir que son para beneficio de México. Y es que las leyes cambian para irse adaptando a la actualidad, “obviamente no son las mismas necesidades –actuales del país- que las de hace 20, 50 ó 100 años”, apunta el doctor. “Para eso, para adecuarnos a la realidad, hay dos mecanismos: uno que es modifiar la constitución, o hacer una nueva”, explicó.

¿Por qué hasta ahora?

A diferencia de sexenios anteriores (entiéndase los últimos dos de origen Panista) en sólo 20 meses, la nueva administración logró no sólo proponer las reformas, sino hacerlas ley. Esto es algo que no había sucedido ni con Calderón ni con Fox, principalmente porque en sus mandatos presidenciales, al proponer cambios constitucionales estos eran detenidos por el congreso, principalmente priista.

De forma que no hay que alabar ni odiar a las reformas, ya que son parte de la evolución natural del derecho. A pesar de lo anterior, todavía hay camino que recorrer en su correcta implementación; sin duda el primer paso lo daremos nosotros al ser partícipes como ciudadanos mexicanos de estas nuevas legislaciones.

ÁNGEL GONZÁLEZ G. / Angel.gonzalezgel@gmail.com